Representación sin poder: el reto pendiente del sector energético

Opinión
María Fernanda Matus.
Marzo 09, 2026
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En México y en América Latina, la participación femenina en el sector energético ha aumentado de forma considerable en la última década, especialmente en energías renovables. Las cifras no mienten: de acuerdo con la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), hoy las mujeres representan alrededor del 32% del empleo en renovables en la región.

En nuestro país existen organizaciones como la Red Mujeres en Energía Renovable y Eficiencia Energética (REDMEREE), Mujeres en Energía Renovable México (MERM) y WiN México, que han contribuido a generar comunidad y visibilidad para más mujeres en la industria. También ha habido cambios en políticas de contratación y mayor acceso a formación técnica.

Lo anterior demuestra avances reales. Sin embargo, sería un error confundir participación con poder de decisión. En el sector energético en su conjunto, los hombres continúan ocupando cerca del 74% de la fuerza laboral y predominan en posiciones técnicas y directivas, una diferencia que se acentúa en los espacios donde se define el rumbo estratégico de la industria.

De hecho, uno de los desafíos más relevantes para que más mujeres lleguen a posiciones de liderazgo en energía empieza mucho antes de entrar al sector: la formación. En México, apenas tres de cada diez profesionistas estudian alguna carrera STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), de acuerdo con el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO). En una industria profundamente técnica, esa base importa.

Detrás de esa cifra siguen operando estereotipos y normas de género que influyen en las decisiones profesionales desde edades tempranas. Las ingenierías, la energía y la tecnología todavía no se perciben con la misma naturalidad como espacios para mujeres. Esa percepción condiciona vocaciones, limita especialización y, años después, reduce la presencia femenina en los niveles más altos de decisión.

No se trata de retomar otro discurso más de estereotipos y brechas El diagnóstico lleva años sobre la mesa. Lo que no avanza al mismo ritmo es la transformación estructural.

El punto no es solo cuántas mujeres participan, sino bajo qué condiciones construyen su trayectoria. Sin educación técnica accesible, incentivos para permanecer en carreras STEM y marcos laborales realistas, la participación difícilmente se convierte en liderazgo.

Más que repetir el debate, lo relevante es asumir que el cambio no ocurre por inercia. Cada empresa, cada institución educativa y cada líder dentro del sector tiene margen de acción. Revisar cómo se asignan oportunidades, cómo se promueve el talento y cómo se conforman los equipos no es un gesto simbólico o limitado a cumplimiento de requisitos de reportes ESG; forma parte de la responsabilidad de quienes participamos en esta industria.

México vive un momento particular: la Presidencia de la República y la Secretaría de Energía están encabezadas por mujeres. Ese hecho demuestra que la capacidad de liderazgo femenino en el sector no está en duda. Sin embargo, la estructura empresarial no cambia automáticamente con el contexto político.

El sector energético está tomando decisiones que van a definir su configuración durante los próximos años. En ese contexto, importa quién se sienta en la mesa y las diferentes perspectivas que se aportan.

La participación ha crecido. La presencia femenina en los espacios donde se concentra el poder aún no lo hace al mismo ritmo.

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