Con frecuencia escucho a líderes decir: “La gente ya no se pone la camiseta.”Las personas cumplen sus funciones; alcanzan indicadores; asisten a reuniones y ejecutan proyectos, sin embargo, algo parece faltar. Existe cansancio, desconexión y una sensación de que el trabajo se ha convertido únicamente en una lista de pendientes por cumplir.
Esto ocurre incluso en organizaciones exitosas. La diferencia no suele estar en la estrategia ni en los resultados, sino en algo más profundo: el significado que las personas encuentran en su trabajo.
De acuerdo con el informe State of the Global Workplace 2026 de Gallup, el compromiso laboral continúa siendo uno de los grandes desafíos para las organizaciones. El estudio señala que únicamente el 20% de los colaboradores a nivel mundial se consideran comprometidos con su trabajo y estima que la falta de engagement representa pérdidas cercanas a los 10 billones de dólares para la economía global debido a la disminución de la productividad (1).
Estos datos nos recuerdan una realidad importante: no basta con atraer talento; es necesario generar las condiciones para que las personas quieran permanecer, crecer y aportar su mejor versión.
Y esta tendencia no solo aparece en los estudios.Hace unos días, platicando con mi hija menor, quien recién se graduó de la universidad, le pregunté qué era lo más importante para ella al momento de elegir una empresa donde desarrollar su carrera profesional.
Su respuesta fue inmediata: "Quiero trabajar en una empresa que aporte algo positivo al mundo." No habló primero de sueldo, prestaciones o posición. Habló de impacto.
Lo interesante es que esta conversación no ha sido un caso aislado. La he escuchado repetidamente en jóvenes profesionales y en las nuevas generaciones que hoy están incorporándose al mercado laboral. Existe una búsqueda cada vez más consciente de organizaciones cuyos valores sean congruentes con sus acciones y cuyo propósito trascienda los resultados económicos.
Las nuevas generaciones no solo quieren trabajar en una empresa exitosa. Quieren trabajar en una empresa que genere un impacto positivo y del cual puedan sentirse orgullosos de formar parte.
Recientemente acompañé a un equipo de líderes que enfrentaba desgaste, poca colaboración entre áreas y dificultades para generar compromiso en sus equipos.
En ese proceso, hubo una pregunta que cambió por completo la conversación: ¿Por qué es importante para ti tu trabajo?. Las primeras respuestas estuvieron relacionadas con responsabilidades, metas y resultados. Sin embargo, al profundizar una y otra vez con la pregunta ¿y por qué eso es importante?, comenzaron a aparecer respuestas muy distintas.
Detrás de los objetivos surgieron valores más profundos: la seguridad de sus familias, la satisfacción de desarrollar talento, el crecimiento personal y lo que parecía una conversación sobre tareas terminó convirtiéndose en una conversación sobre propósito.
No fue el resultado de una sola sesión, sino de generar espacios de reflexión que permitieron a los líderes reconectar con aquello que daba sentido a lo que hacían todos los días.
Con frecuencia las empresas invierten grandes recursos en estrategias, procesos y tecnología. Todo ello es importante. Sin embargo, cuando las personas no encuentran significado en su trabajo, los resultados suelen ser limitados y difíciles de sostener.
El propósito no sustituye la estrategia, pero le da dirección. La cultura no reemplaza los resultados, pero crea las condiciones para alcanzarlos.
Porque al final, las empresas que dejan huella no son únicamente las que generan grandes resultados, sino aquellas que logran inspirar a las personas que forman parte de ellas.
Las organizaciones se transforman cuando las personas se transforman. Y las personas se transforman cuando encuentran sentido en lo que hacen. Ese es el verdadero poder de una cultura conectada con el propósito.