Liderar con visión, transformar con humanidad

Espacio IMMEX
Bárbara Valdés.
Agosto 19, 2026
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En manufactura, como en cualquier organización, los resultados son fundamentales. Pero detrás de cada indicador hay personas, decisiones y aprendizajes que terminan definiendo el verdadero impacto de un líder.

Después de muchos años en manufactura, he aprendido que las lecciones más importantes de mi carrera no siempre vinieron de los números o de las grandes decisiones.

Muchas llegaron escuchando a personas que tenían mayor conocimiento y experiencia, enfrentando juntos momentos difíciles, tratando de entender lo que había detrás de un resultado y, también, equivocándome.

Con los años he entendido que liderar no significa tener todas las respuestas. Al contrario, mientras más responsabilidades he tenido, más consciente soy de todo lo que todavía puedo aprender.

Los números cuentan una parte de la historia. Muchas veces miramos primero los números y formamos juicios sin tener el panorama completo de lo que está sucediendo. He aprendido que pocas veces los números cuentan toda la historia.

Más de una vez llegué a una conversación pensando que entendía un problema porque había revisado las cifras y, después de escuchar a las personas cercanas a la operación, me di cuenta de que me faltaba una pieza importante.

Detrás de una desviación de productividad podía existir un problema de proceso o de capacitación. Detrás de las horas extra, una necesidad inesperada de un cliente. Detrás de un incremento en costos, una decisión que alguien tuvo que tomar para evitar detener una línea.

Eso fue cambiando mi manera de hacer preguntas para entender el resultado. En lugar de quedarme con: “¿Por qué gastamos más?”, aprendí que es mejor preguntar: “¿Qué está pasando?, ¿qué no estoy viendo?, ¿qué necesita el equipo?, ¿cómo podemos resolverlo?”.

No importa cuánto avancemos profesionalmente; siempre habrá alguien que conoce algo que nosotros no sabemos. Saber escucharlo también es parte de liderar. La gente también nos enseña a ser líderes

Una posición puede darnos autoridad, pero no necesariamente nos convierte en líderes: El respeto se construye. Y se construye todos los días, especialmente cuando las cosas no salen como esperábamos.

A lo largo de mi carrera he tenido que tomar decisiones difíciles, exigir resultados y sostener conversaciones que no siempre son cómodas. También he cometido errores. Las personas no solamente recuerdan las decisiones que tomamos. Recuerdan cómo las hicimos sentir en los momentos difíciles.

Podemos ser exigentes sin perder la empatía. Podemos cuestionar sin descalificar. Podemos decir que no con respeto.  Con el tiempo aprendes que cada persona observa una situación desde una realidad distinta. Y muchas veces todos tienen una parte de razón.

No siempre es fácil. Todos tenemos nuestra experiencia, nuestras ideas y nuestros propios sesgos. Pero liderar globalmente requiere la humildad de reconocer que nuestra manera de hacer las cosas no siempre es la única ni necesariamente la mejor.

La globalización no consiste solamente en hablar otros idiomas o trabajar con diferentes países. También significa aprender a mirar el mundo desde perspectivas distintas.

Algo que quisiera compartir con otras mujeres. En este camino he encontrado algo que veo con frecuencia en muchas mujeres muy capaces.

Nos preparamos muchísimo. Queremos conocer el detalle, sentirnos seguras y estar completamente preparadas antes de levantar la mano para asumir una nueva responsabilidad.

Pero durante este camino aprendí que algunas de las oportunidades que más me hicieron crecer llegaron precisamente cuando todavía no me sentía completamente preparada.

Hubo cosas que tuve que aprender en el camino y personas a las que tuve que pedir ayuda. Por eso, a las mujeres que están construyendo su carrera en manufactura les compartiría algo que yo misma sigo tratando de practicar: no esperemos a sentirnos cien por ciento listas.

Preparémonos, sí. Trabajemos duro. Conozcamos nuestro negocio. Pero también levantemos la mano. Y, sobre todo, no pensemos que para ser fuertes tenemos que dejar de ser sensibles.

Hoy en día, las mujeres tenemos una oportunidad extraordinaria. La manufactura está viviendo una transformación impulsada por la digitalización, la automatización, la inteligencia artificial y el análisis de datos.  El futuro de la industria requerirá nuevas habilidades, nuevas perspectivas y una forma distinta de resolver problemas. 

Estoy convencida de que las mujeres pueden desempeñar un papel fundamental en esa transformación, no solo participando en ella, sino ayudando a definirla. La diversidad de pensamiento será una de las mayores ventajas competitivas de las organizaciones que quieran mantenerse relevantes en los próximos años.

Lo que queda después de los resultados. Quienes tenemos responsabilidades dentro de una organización sabemos que hay momentos en los que debemos tomar decisiones difíciles y responder por los resultados.

Pero después de muchos años de carrera he empezado a hacerme otra pregunta: Cuando algún día miremos hacia atrás, ¿qué recordaremos?; Seguramente habrá proyectos, resultados, crisis que resolvimos y objetivos que alcanzamos, pero creo que también recordaremos personas.

A quienes confiaron en nosotros. A quienes nos enseñaron algo. A quienes dimos una oportunidad. A quienes nos dieron una oportunidad a nosotros. Y también a aquellos líderes que, en algún momento de nuestra carrera, nos hicieron sentir que podíamos crecer más de lo que nosotros mismos pensábamos.

Hace poco escuché una frase que me hizo mucho sentido: “Uno de los mejores KPI de un líder no se mide solamente por los resultados que entrega, sino por cuántas personas, con el paso de los años, volverían a elegir trabajar a su lado”.

No sé si exista una fórmula perfecta para ser un buen líder. Yo aún sigo aprendiendo. Pero, después de todos estos años, cada vez estoy completamente convencida de que los resultados importan mucho, y de que la forma en que llegamos a ellos también.

 

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