Podemos afirmar que la agenda de responsabilidad social está firmemente arraigada en la comunidad empresarial de Nuevo León; y aunque el camino sigue en construcción, los ERGs y el voluntariado corporativo ya están presentes en la estrategia corporativa. Los Employee Resource Groups (ERGs) son grupos organizados alrededor de identidades o intereses compartidos: diversidad e inclusión, sustentabilidad, deporte, bienestar, lectura, tecnología, entre otros.
Su función es crear tejido social interno, desarrollar liderazgo horizontal y generar sentido de pertenencia. El voluntariado corporativo, por su parte, son programas donde los empleados —muchas veces organizados desde los propios ERGs— aplican sus habilidades en comunidades externas.
El componente habilitador de ambos es su integración con la dirección: vincularlos formalmente con la estrategia, y respaldarlos mediante embajadores o “sponsors” del equipo ejecutivo.
Su valor está claro: crean cultura, promueven el bienestar, dan sentido y propósito, además contribuyen a los objetivos de la agenda social (1). Sin embargo, hay una oportunidad que todavía podemos capitalizar: reconocerlos como parte formal del desarrollo del talento.
Cuando un empleado lidera un ERG de 50 personas, está ejerciendo gestión de proyectos, comunicación estratégica, negociación y liderazgo adaptativo en un entorno donde la influencia debe ser genuina porque nadie está obligado a seguirlo.
Ahora bien, el World Economic Forum proyecta que para 2030, el 39% de las habilidades clave en el mercado laboral habrán cambiado (2). Las empresas respondemos con programas de reskilling y upskilling, plataformas de e-learning, certificaciones… aunque en realidad, las habilidades más demandadas del futuro —pensamiento analítico y creativo, resiliencia, flexibilidad, liderazgo e influencia social— tal vez se aprenden en un aula, pero se desarrollan en la fricción real, con equipos diversos, en contextos inciertos.
La buena noticia es que las organizaciones ya cuentan con estos dos mecanismos que proveen un medio para desarrollar exactamente esas habilidades de forma genuina y escalable. El voluntariado corporativo ofrece un entorno de ambigüedad estructurada donde los empleados trabajan fuera de su zona de confort, con recursos limitados y en comunidades distintas.
Un estudio del ESADE confirma que el 87% de los participantes mejora su capacidad de trabajo en equipo, y el 68% desarrolla habilidades comunicativas(3). Los ERGs, mientras tanto, son incubadoras naturales de liderazgo: espacios seguros donde los empleados aprenden a convocar, articular una visión compartida y movilizar a personas que participan de forma completamente voluntaria.
Dejo aquí tres cifras que convencen: los empleados que participan en voluntariado mejoran su compromiso con la empresa en un 20%; el 75% de las organizaciones con ERGs activos reporta que apoyan la retención de talento; y el 92% de los participantes en voluntariado alcanza una mejora en su rendimiento profesional (3) —un número que ningún programa de capacitación tradicional obtiene con consistencia.
Es cierto que estos programas requieren una dirección adecuada para generar tracción y motivación, evitando generar estrés o sobrecarga en la organización; no obstante, su implementación es más accesible de lo que parece.
Instituciones, asociaciones y alianzas empresariales ofrecen acompañamiento para organizaciones de cualquier tamaño. Y aunque la estructura importa, el verdadero detonador es cultural: cuando los empleados encuentran un espacio seguro para actuar desde su propósito, la participación no necesita incentivos —se sostiene sola. Si bien, la ejecución inicial conlleva retos, un sponsor ejecutivo con un ERG o voluntariado piloto y mediciones concretas pueden ser un buen primer paso para comenzar.
El desafío es claro: El futuro se construye hoy, y el voluntariado corporativo y ERGs nos ofrecen una vía concreta y al alcance de todos. Estas dos iniciativas son, posiblemente, el único mecanismo organizacional para desarrollar habilidades en forma experiencial y auténtica con triple retorno: para el empleado, para la empresa y para la comunidad.