Amit Ray dice: "A medida que más inteligencia artificial ingresa al mundo, más y más inteligencia emocional debe ingresar al liderazgo".
La Inteligencia Artificial se hace cada vez más presente en las empresas en México, pero, de acuerdo con el INEGI Censo 2024, considerando empresas de más de 10 empleados, tan sólo el 8% la usa, lo cual indica que aún se encuentran en etapas tempranas de adopción.
Y a pesar de que se mencionan diferentes factores tecnológicos que impiden una mayor adopción, se considera que uno de los cuellos de botella que la limitan no es tecnológico, sino humano.
Al igual que Amit Ray, soy un convencido de que, con la llegada de la IA, las organizaciones necesitamos desarrollar más inteligencia emocional en nuestros líderes, para que impulsen a sus equipos y sean facilitadores, no de la gestión del cambio, sino de la construcción de una organización adaptable.
Pero bien, si nos remontamos a la definición propia de Inteligencia Emocional que propuso Daniel Goleman, se trata de la capacidad para reconocer, comprender y gestionar nuestras emociones y las de los demás. Y si profundizamos más en las competencias clave que establece Goleman, hay 2 en particular que forman parte de la “Autogestión”, en las cuales me quisiera enfocar: la Adaptabilidad y la Actitud Positiva.
Y para abordar este tema, me permitiré relacionarlo con un maravilloso deporte que he seguido por los últimos 20 años, el Tenis.
Si hablamos de Adaptabilidad, perfectamente podemos traer a la conversación a Rafael Nadal, quien en su autobiografía “Rafa: Mi Historia” menciona que, con el paso de los años y las constantes lesiones, tuvo que cambiar su forma de jugar. No intentó seguir jugando como cuando tenía 20 años, donde era pura disciplina, pundonor y garra, sino que adaptó su juego, mejorando su servicio, acortando puntos y eligiendo los torneos para tener más tiempo de descanso. No cambió su esencia, sino la forma de llegar al resultado.
Y es igual para los líderes, con la IA, quizá el estilo ganador que siempre les funcionaba, ahora ya no es tan efectivo. Y no digo que tienen que cambiar de manera radical, pueden hacer como Nadal, mantener la esencia, el logro de objetivos (seguridad, productividad, calidad, servicio al cliente), pero cambiando el cómo (decisiones basadas en datos, automatización), adaptarse al nuevo entorno y transmitirlo a sus equipos para seguir siendo competitivos.
Por otra parte, si de “Actitud Positiva” hablamos, y le agregaría, “Actitud Positiva bajo presión”. Un ejemplo claro es Roger Federer. En el libro “Master: Roger Federer”, de Christopher Clarey, se describe cómo Federer transformó su temperamento. En sus inicios rompía raquetas, se enfada con los jueces, no aceptaba afablemente sus derrotas. Pero llegó un punto donde entendió que esas reacciones emocionales descontroladas, lejos de llevarlo a lograr sus objetivos, le restaba el enfoque, energía y le costaba partidos. Aprendió a aceptar sus errores, ir punto a punto y conservar la calma, aún cuando iba perdiendo. Y al paso del tiempo, se convirtió en uno de los mejores tenistas de la historia.
La implementación de la IA genera ansiedad, pensamientos de “Me va a reemplazar”, “No entiendo el sistema”, “Es muy difícil para mi aprender algo tan sofisticado”. Cuando un líder no regula sus emociones, transmite el miedo a sus equipos, por lo que necesitamos desarrollar líderes con la actitud de Federer, para que se mantengan ecuánimes frente a la adversidad, que normalicen el error como parte del aprendizaje y, que contagien actitud positiva a sus equipos, en una época de incertidumbre.
Muchos líderes rechazan la IA no por razones técnicas, sino emocionales, consideran que van a perder estatus, tienen miedo a volverse obsoletos o simplemente no les gusta. Pero aquí hay que resaltar a otro gran tenista: Andre Agassi, quien en su libro “Open: Memorias”, reveló que odiaba el tenis. Sin embargo, logró enfocar su mente y empezó a concentrarse en el impacto positivo que podía lograr con su deporte: su familia, su fundación, su propósito más allá de ganar.
Y como Agassi, necesitan las organizaciones fomentar en sus líderes una mentalidad de crecimiento, y no vean a la IA como amenaza, sino como amplificador de las capacidades humanas.
Así como Nadal ajustó su juego, Federer su mente y Agassi el significado de su carrera, las organizaciones que desarrollen autogestión emocional en sus líderes serán las que realmente capturen el valor de la IA.