El estrés en las cadenas de suministro como catalizador de mejora

Columna Index
Jorge García.
Mayo 27, 2026
Font size:
Imprimir

Las cadenas de suministro son sometidas a estrés cada vez que ocurren tensiones geopolíticas, escasez de materiales, dependencia de proveedores lejanos, pandemias y, últimamente, riesgos cibernéticos e inestabilidad arancelaria.

Más recientemente, y desde el inicio de la pandemia de COVID-19 a principios de 2020, las cadenas de suministro se han visto sometidas a un desafío continuo. La pandemia afectó a prácticamente todas las cadenas de suministro globales; difícilmente hubo alguna que permaneciera inalterada. 

Desde las grandes cadenas que abastecen a los sectores de salud, agrícola e industrial, hasta las cadenas menos complejas o más directas, todas resintieron sus efectos.

Cuando apenas comenzaba a controlarse la pandemia de COVID-19, surgió la tensión geopolítica en Europa entre Rusia y Ucrania, lo que provocó afectaciones globales en el suministro de productos agrícolas, como cereales y fertilizantes, así como en los energéticos. 

Esto generó no solo escasez, sino también un aumento de precios.

Últimamente, los conflictos en Medio Oriente y las guerras arancelarias o escaladas proteccionistas han acentuado la complejidad de mantener estables las cadenas de suministro. 

A pesar de estos desafíos, a largo plazo estas presiones pueden generar mejoras relevantes, tanto cualitativas como cuantitativas, porque las crisis actúan como un catalizador que impulsa la innovación, reconfigura prioridades y reduce o elimina ineficiencias.

Esta presión o estrés en los procesos de la cadena de suministro puede impulsar mejoras, siempre que sea de corto o mediano plazo y permita a las organizaciones reconfigurarse. 

De otro modo, si la presión es excesiva y constante, puede provocar desgaste, errores y fatiga, hasta bloquear mejoras ya establecidas o incluso aquellas con potencial de desarrollarse. 

Todo cambio debe orientarse hacia la carga máxima o límite superior de trabajo o esfuerzo del sistema, y no hacia un estado de presión permanente.

A continuación, enumero algunas de las mejoras más importantes, sin que esta lista sea limitativa: un mayor enfoque en lo fundamental y la eliminación de rutinas innecesarias; mejoras en la colaboración y la comunicación entre equipos; estímulo a la creatividad y la innovación; identificación de obstáculos o cuellos de botella al quedar expuestos los puntos más débiles; agilización de la toma de decisiones; y fortalecimiento de la capacidad de adaptación y resiliencia ante eventos futuros.

Al final, la resiliencia surge como un mecanismo de adaptación positiva. En las cadenas de suministro, estas adaptaciones pueden ser las siguientes:

Visibilidad en tiempo real mediante el uso de tecnologías de monitoreo y anticipación de disrupciones. Por ejemplo: inteligencia artificial, big data o el internet de las cosas (IoT). Hoy día, la logística y sus procesos no solo mueven mercancías; también mueven datos, y en grandes volúmenes. 

La infraestructura para administrar esta información se ha fortalecido al mismo tiempo que se han desarrollado mejores mecanismos de prevención de riesgos cibernéticos.

Flexibilidad operativa o procesos de producción adaptables. Por ejemplo: cambios ágiles de productos, procesos y proveedores.

Inventarios estratégicos. Esto implica elevar los inventarios de componentes críticos para evitar paros de producción. Esta práctica se contrapone, en cierta medida, al modelo de “justo a tiempo” o just-in-time, que en el contexto actual resulta muy vulnerable. 

Hoy día, algunas cadenas de suministro han pasado del “justo a tiempo” al “justo por si acaso” o just-in-case, con el fin de absorber desabastos en los suministros.

Diversificación, o contratación de diferentes proveedores para distintas tareas (multi-sourcing).

Esto permite distribuir el riesgo y mejorar la capacidad de negociación al reducir la dependencia de proveedores únicos o de áreas geográficas específicas. Así, se amplía la base de proveeduría para mitigar riesgos naturales o geopolíticos. Esto también puede incluir el nearshoring o regionalización, para acercar los productos a sus mercados de consumo y reducir tiempos, costos y riesgos en el suministro.

Toma de decisiones más ágil. La colaboración entre los grupos de la cadena de suministro mejora al requerir una comunicación más estrecha y un mayor intercambio de datos entre las áreas y/o socios de la cadena ante cambios repentinos en la demanda.

En México, las cadenas de suministro han aprendido a sortear las crisis y a adaptarse a los cambios, unas quizá con más agilidad que otras. La región norte del país cuenta con recurso humano capacitado para estas actividades, pero la inversión continua en la ciencia de las cadenas de suministro sigue siendo necesaria, en la medida en que estas se vuelven más complejas y demandan mayores recursos tecnológicos. 

La profesionalización ha crecido en zonas con cadenas de suministro más fortalecidas, como el Bajío, el Centro y el Norte de México; sin embargo, en otras regiones del país sigue siendo baja, lo que evidencia una disparidad importante. Se requieren más especialistas, ya que existe un rezago general de talento profesionalizado en esta área a nivel nacional.

Descubre las últimas novedades de la industria en nuestra edición impresa, disponible en formato digital.

Ver todas las ediciones