Del nearshoring a la trazabilidad: La nueva frontera competitiva de Norteamérica detrás del “transshipment”

Columna INA
Gabriel Padilla Maya.
Agosto 18, 2026
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Durante los últimos años, una pregunta central para las empresas exportadoras fue: 

¿Cómo aprovechar el nearshoring?

En 2026, la pregunta evoluciona:

¿Podemos demostrar, con datos y evidencia productiva, dónde y cómo se fabrica lo que exportamos?

La revisión del T-MEC entonces entra en un terreno más amplio: Reglas de origen, seguridad económica, contenido regional, trazabilidad y reducción de dependencias estratégicas están cada vez más interrelacionados.

En este contexto, el transshipment —utilizar terceros países para evadir aranceles o atribuir indebidamente un origen— adquiere mayor relevancia.

Pero hay una distinción fundamental: una cosa es triangular mercancías y otra fabricar en México utilizando cadenas globales de suministro.

Importar componentes, transformarlos mediante procesos industriales reales, incorporar capital, empleo, ingeniería y valor agregado, y cumplir las reglas de origen es manufactura legítima.

Reetiquetar o realizar operaciones marginales para ocultar el verdadero origen es algo distinto.

El compliance comercial está evolucionando hacia la trazabilidad económica de la producción.

 

Cada vez será más importante demostrar una historia industrial consistente: 

Insumos → proveedores → inventarios → maquinaria → procesos → capacidad → producción → exportaciones → origen.

El reto no es cerrar Norteamérica a las cadenas globales, sino reducir dependencias estratégicas sin perder competitividad.

 

Las empresas capaces de demostrar: 

Capacidad productiva + transformación real + trazabilidad + cumplimiento T-MEC estarán mejor posicionadas en la siguiente etapa de integración regional.

 

La trazabilidad puede dejar de ser un costo de compliance para convertirse en una credencial competitiva de acceso al mercado norteamericano.

También cambiará el sourcing. El proveedor del futuro no será evaluado sólo por precio: importarán origen, resiliencia, trazabilidad, seguridad de suministro y tecnología.

México cuenta con décadas de integración productiva con Estados Unidos y Canadá y cadenas profundas en automotriz, autopartes, electrónica, aeroespacial y dispositivos médicos.

Esa profundidad industrial puede diferenciarnos de las plataformas de triangulación.

 

El nearshoring fue una primera etapa. La siguiente en su versión 2.0 será más exigente:

Regionalización + trazabilidad + tecnología + seguridad económica + competitividad.

 

Para las empresas, la revisión del T-MEC debe trascender a la áreas de comercio exterior y asuntos públicos e incorporarse a las decisiones de CAPEX, procurement, ingeniería, supply chain, compliance y estrategia corporativa.

 

Porque la pregunta ya no será solamente:

¿Cumplo con el T-MEC?

Será:

¿Está diseñada mi empresa para competir en la Norteamérica de 2030–2035?

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