Adaptarse con intención: el nuevo desafío del liderazgo

Pasión por el talento
Diego Lainez.
Marzo 27, 2026
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Cuando publiqué, en octubre del año pasado, mi primer libro “Time Ownership”, incluí con orgullo una leyenda al inicio: "Este libro fue escrito sin la ayuda de Inteligencia artificial”. Me sentía orgulloso de esa frase. Hoy, mientras escribo mi segundo libro, sobre Liderazgo, utilizo inteligencia artificial todos los días. Y también me siento orgulloso de eso.

La ironía no se me escapa. En menos de dos años pasé de ver la IA como una amenaza a la genuinidad, a usarla como amplificador de mi pensamiento. Esa evolución personal me enseñó algo que ahora comparto con los líderes y equipos: nadie está exento de sentirse amenazado por el cambio. 

Y es que durante el 2024 mi postura fue que debíamos ser cautelosos con la IA o perderíamos autenticidad. En el 2025 empujé discusiones, leí varios libros y experimenté con múltiples herramientas. A principios de este año invertí el argumento por completo: quien no esté utilizando estas herramientas hoy, tendrá consecuencias mañana. Ahora no solo predico con el ejemplo —o intento hacerlo— sino que también exijo a todos que sean ejemplo. Algo que les digo a mis colaboradores sobre este tema y que me resulta liberador es: "Do as I say, not as I do." Y es que no puedo ser el modelo perfecto de todo lo que se puede lograr con la IA, pero sí puedo crear la urgencia, proveer el pensamiento estratégico y generar el contexto para que cada quien corra en lo que le toca.

Esto conecta con algo que veo con frecuencia en los líderes con más trayectoria, éstos poseen lo que llaman inteligencia cristalizada: la sabiduría acumulada de muchos años de decisiones, fracasos, lecturas y relaciones. Esa ventaja competitiva no la da ningún modelo de IA. Pero el error es que asumen que esa experiencia es suficiente por sí sola, o que la tecnología simplemente "no les aplica". Los líderes que decidan combinar su inteligencia cristalizada con herramientas como la IA no solo seguirán siendo relevantes —podrán multiplicar su impacto de maneras que antes eran imposibles.

El reto para las generaciones más jóvenes es diferente. Éstas se adaptan rápido a nuevas herramientas, pero existe un riesgo creciente: delegar el pensamiento. Un estudio reciente del MIT exploró precisamente esto. En el experimento, 54 participantes fueron divididos en tres grupos para escribir ensayos: uno usó ChatGPT, otro motores de búsqueda y el tercero no usó ninguna herramienta. Mediante electroencefalografía, los investigadores encontraron que quienes usaron IA mostraron la menor activación cerebral. Sus ensayos tendían a ser genéricos —los investigadores los calificaron de "sin alma"— y cuando se les pidió reescribir su trabajo sin ayuda, tuvieron dificultades para recordar lo que habían escrito.

Aquí es donde liderazgo e innovación se encuentran: la tecnología que evoluciona y las cualidades humanas que permanecen. 

Un líder en esta era necesita hacer cosas que ninguna IA puede sustituir (aún): dar seguridad psicológica para que el equipo experimente y se equivoque sin miedo; poner el entusiasmo para mover a la acción; reunir con intención a las personas en el mundo real para hablar de lo que ocurre en el digital; y sostener la confianza, la compasión y la rendición de cuentas para una cultura organizacional sólida.

La clave no es solo aprender más rápido, sino aprender de manera inteligente: saber qué habilidades cultivar y cuales cosechar, cómo integrar la tecnología con pensamiento crítico y —sobre todo— cono lo que solo un líder humano puede aportar. 

En Nuevo León, una región que históricamente ha sabido reinventarse sin perder su identidad, esta conversación es clave. La pregunta para cada líder es simple: ¿estás liderando la conversación y el cambio o lo estás mirando desde afuera?


 

 

 

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