Si algo nos deja este 2025 que está por terminar es una certeza: la industria de electrodomésticos en México tiene una columna vertebral hecha de acero y visión. Hubo momentos en los que la incertidumbre pesaba tanto como un refrigerador industrial, pero aún así avanzamos, ajustamos el rumbo y seguimos aprendiendo de cada desafío.
Al mirar atrás, con el cierre del año acercándose, puedo decir que el 2025 fue un año de resiliencia estratégica. Tuvimos que navegar aguas turbulentas, y no es ningún secreto que gran parte del oleaje llegó desde el norte. Sin embargo, enfrentamos cada sacudida con inteligencia, coordinación y la fuerza colectiva que nos distingue.
La retórica y las acciones de la administración Trump marcaron el compás de nuestra agenda. El fantasma de los aranceles del 25% (una extensión de aquella vieja disputa del acero y aluminio ahora tocando nuestros productos terminados) nos obligó a reaccionar a una velocidad vertiginosa. Se estimó un impacto inflacionario inmediato de entre el 6% y 7% en costos de producción durante el primer semestre sólo por especulación y ajustes arancelarios. Eso definitivamente afectó a la industria, pero a pesar de todo México se mantuvo firme como el quinto productor mundial de electrodomésticos.
Desde el CLELAC fuimos muy claros en nuestro último encuentro, el ENCLELAC 2025: la inercia es positiva. Este año seguimos sosteniendo la exportación de más de 100 millones de unidades anuales. Y no solo eso, la proyección se mantiene sólida: la meta es alcanzar los 120 millones de unidades antes de 2030.
Este año, la bolsa de oportunidades de negocio para proveeduría nacional alcanzó un récord de 3,000 millones de dólares, el doble que el año anterior. Esto es nearshoring puro y duro: las grandes marcas (las empresas tractoras) están desesperadas por comprar en México para evitar el riesgo asiático.
Frente a este panorama macro, sin duda, el mayor reto interno fue la presión sobre las reglas de origen y la sustitución de importaciones.
A pesar de esta demanda masiva, detectamos que solo el 51% de la proveeduría local en Nuevo León está aprovechando las exportaciones. Tenemos a casi la mitad de la cadena de suministro jugando local cuando podrían estar jugando en las grandes ligas globales. Ahí está el reto real para nuestros proveedores Tier 2 y Tier 3.
Perspectivas para 2026
Dejando a un lado la retrospectiva, vamos a lo que viene, ¿qué nos depara el 2026? Si 2025 fue el año de la defensa, que demostró nuestro gran temple, el 2026 debe ser el año de la integración inteligente. Ya no basta con ensamblar. Necesitamos diseñar. Si agregamos valor a través de IoT y eficiencia energética desde México, nos volvemos indispensables.
Y aunque desde hace un par de años hemos estado empujando el tema de sostenibilidad ahora es cada vez más obligatorio. Las nuevas normativas globales marcan la pauta. Tenemos que reducir las emisiones de nuestro sector en un 25% para 2030. Por ello, el 2026 será el año clave para implementar las tecnologías que nos permitan llegar a esa cifra; ya no es un "plus", es una licencia para operar.
El 2025 también nos dio la lección de que debemos diversificar nuestros mercados. Trump nos enseñó que depender al 80% de un solo vecino es riesgoso, aunque sigamos siendo socios vitales.
El entorno seguirá siendo retador, sí. Pero cuando observo que esta noble industria genera más de 35,000 empleos directos solo en Nuevo León y aporta más de 16,000 millones de dólares al valor de las exportaciones nacionales, no tengo duda: el electrodoméstico mexicano es sinónimo de calidad y competitividad mundial.
Sigamos demostrando que somos aliados estratégicos, no adversarios, y que la innovación no reconoce fronteras cuando trabajamos unidos.
¡Que 2026 llegue lleno de triunfos, crecimiento y nuevas oportunidades para la industria de electrodomésticos!