La transición energética en América Latina se encuentra en un punto decisivo. El potencial de recursos renovables en la región es vasto, pero su aprovechamiento depende de políticas públicas estables, marcos regulatorios efectivos y esquemas de financiamiento que movilicen grandes inversiones. En este contexto, especialistas coincidieron en que las alianzas público-privadas (APP) representan el vehículo más sólido para acelerar la generación, distribución y acceso justo a la energía.
Durante el panel “El papel de las políticas estratégicas y las alianzas público-privadas para la expansión energética en la región”, organizado con la participación de la Unión Europea, Siemens Energy, la International Copper Association y Citi México, se discutieron los principales factores que condicionan la evolución del sector. La moderación estuvo a cargo de Rosalía Lara, editora de Expansión ESG.
Alianzas público-privadas como catalizador energético
Javier Pastorino, managing director LATAM North de Siemens Energy, destacó que los esquemas de cooperación entre gobiernos y sector privado son fundamentales para materializar los proyectos. “Las APP juegan un rol esencial, ya que impulsan la implementación de iniciativas que, de otro modo, quedarían en papel. Articulan la hoja de ruta hacia la descarbonización y permiten alinear metas nacionales con la capacidad de ejecución empresarial”, subrayó.
El ejecutivo apuntó que el reto no solo es instalar capacidad renovable, sino garantizar infraestructura de respaldo, redes de transmisión modernas y sistemas de almacenamiento que permitan dar estabilidad al suministro en contextos de creciente demanda.
La importancia de las APP fue ejemplificada por Juan Ignacio Díaz, presidente y CEO de la International Copper Association, quien citó experiencias internacionales. En Chile, la combinación de convocatorias estatales con inversión privada permitió que el país alcance un 60% de generación renovable, consolidándose como líder regional.
En el Caribe, República Dominicana y Bahamas apostaron por diversificar hacia gas natural y energías renovables, lo que fortaleció la resiliencia de la red y garantizó suministro en zonas críticas. De manera global, mencionó el caso de India, donde la electrificación rural mediante renovables redujo la pobreza energética en comunidades aisladas, transformando realidades sociales y económicas.
“Las APP combinan la legitimidad y marco regulatorio del sector público con la inversión, innovación y capacidad de ejecución del sector privado. Esa mezcla es la que permite generar resultados visibles y sostenibles”, recalcó Díaz.
Financiamiento y gobernanza para la transición
Salomón Amkie, director de Banca de Industrias Especializadas en Citi México, explicó que los proyectos de transición energética requieren capital intensivo y horizontes de retorno largos, de entre 10 y 15 años. Los inversionistas buscan estructuras de riesgo compartido, así como proyectos técnicamente sólidos y respaldados por marcos regulatorios confiables.
Recordó que entre 2017 y 2019 los fondos verdes vivieron un auge, pero la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania llevó a priorizar la seguridad del suministro. En este escenario, los organismos multilaterales y los bancos de desarrollo han jugado un rol clave, ofreciendo garantías y financiamiento para movilizar recursos a gran escala. “Las APP son la llave que permite federar capital privado y público, dando viabilidad a proyectos que requieren inversiones multimillonarias”, puntualizó Amkie.
Desde la perspectiva internacional, Javier Arribas Quintana, ministro consejero para la sostenibilidad y la transición energética en la Delegación de la Unión Europea en México, detalló las metas del bloque europeo: alcanzar 55% de participación de renovables en su matriz energética y lograr neutralidad climática en 2050.
Arribas señaló que la UE promueve la diversificación de fuentes y socios para evitar dependencias únicas, así como el fortalecimiento de interconexiones eléctricas regionales. También resaltó el impulso a la electromovilidad, la eficiencia energética y las tecnologías de vanguardia como el hidrógeno verde y los combustibles sintéticos, que resultan estratégicos para sectores difíciles de electrificar, como la aviación, el transporte marítimo y la industria pesada.
Ejes industriales para la transición en la región
Los panelistas coincidieron en que los próximos pasos de Latinoamérica en su expansión energética deberán considerar tres ejes principales:
• Marco regulatorio y gobernanza. Regulaciones estables, “level playing field” y reguladores independientes son indispensables para dar certeza. El reparto de riesgos entre actores públicos y privados fortalece la confianza de inversionistas y usuarios. Además, la inclusión de comunidades locales desde etapas tempranas evita conflictos y garantiza aceptación social.
• Tecnologías emergentes. Avances en ciclos combinados de alta eficiencia (hasta 65%), proyectos de cogeneración (superiores al 95%), expansión de renovables (solar, eólica e hidroeléctrica) acompañada de sistemas de almacenamiento, así como innovación en hidrógeno verde y combustibles sintéticos.
• Financiamiento innovador. Fondos verdes, esquemas de garantías multilaterales y mecanismos de riesgo compartido que hagan viables proyectos de largo plazo.
El panel concluyó con la intervención de Javier Pastorino, quien sintetizó los elementos que deben articularse para acelerar la transición energética en Latinoamérica: “Se requiere un triángulo virtuoso compuesto por financiamiento innovador, adopción tecnológica y voluntad política, todo ello sostenido por el consenso social. Las APP son la fórmula probada para integrar estos componentes y garantizar un acceso más amplio, justo y sostenible a la energía en la región”.