La revisión del T-MEC puede redefinir dónde se producen vehículos y autopartes durante los próximos años. El endurecimiento de las reglas de origen, los aranceles estadounidenses y las nuevas políticas de seguridad económica están colocando a la industria automotriz frente a decisiones sobre inversión, proveeduría y localización de capacidad productiva en Norteamérica.
Durante el XXIV Congreso Internacional de la Industria Automotriz en México (CIIAM), Kenneth Smith, socio en AGON y quien encabezó la negociación técnica del T-MEC por parte de México durante parte de su proceso original, advirtió que imponer requisitos excesivamente estrictos podría generar el efecto contrario al buscado: desplazar producción fuera de la región.
“Si hacemos las reglas de origen demasiado estrictas, establecemos demasiados obstáculos para la industria automotriz en América del Norte, vamos a provocar una desinversión en ese sector. Las empresas van a migrar, y no a Estados Unidos, sino fuera”.
La producción automotriz funciona mediante cadenas integradas entre México, Estados Unidos y Canadá. Vehículos, motores, transmisiones, sistemas electrónicos y otras autopartes pueden cruzar las fronteras regionales durante diferentes fases de fabricación antes de llegar al producto terminado.
Más proveeduría regional abre oportunidades de inversión en México
Smith explicó que las empresas ya analizan posibles modificaciones a sus cadenas de suministro ante la discusión sobre nuevas reglas de origen. Una de las respuestas podría ser aumentar las compras de componentes fabricados en Norteamérica.
La revisión abre una oportunidad para México: sustituir determinados insumos importados desde fuera de la región mediante nuevas capacidades de producción y proveedores instalados en el país.
Sin embargo, para que ese proceso derive en inversiones, Smith consideró indispensable mantener certidumbre sobre las condiciones de acceso al mercado estadounidense y evitar requisitos que eleven excesivamente los costos de producción.
Actualmente, las reglas automotrices del T-MEC exigen hasta 75% de Valor de Contenido Regional para vehículos de pasajeros y camiones ligeros, además de requisitos específicos para autopartes, acero, aluminio y Valor de Contenido Laboral.
La discusión estadounidense apunta ahora a fortalecer las reglas de origen en sectores industriales estratégicos y reducir la participación de insumos procedentes de economías externas a Norteamérica, particularmente China.
El directivo explicó que uno de los objetivos planteados por Estados Unidos es “reducir la dependencia sobre insumos críticos para el sector manufacturero, reducir la dependencia de Asia” y atraer inversiones relacionadas con industrias estratégicas hacia Norteamérica.
China entra a la ecuación automotriz
A diferencia de la negociación original del T-MEC, la política hacia China ocupa ahora una posición central en las conversaciones.
Estados Unidos busca limitar la triangulación de mercancías procedentes de terceros países y revisar la presencia de inversiones chinas en sectores considerados estratégicos para su seguridad económica.
Para la industria automotriz, esto puede repercutir en la selección de proveedores de componentes, electrónica y baterías, así como de materiales y otras tecnologías utilizadas en vehículos de nueva generación.
La electrificación incrementa la importancia de esta discusión. El automóvil está incorporando semiconductores, electrónica de potencia y baterías, además de sensores, software, sistemas de conectividad y componentes cuya cadena de suministro todavía mantiene una fuerte presencia asiática.
La posibilidad de modificar las reglas de origen para estas tecnologías puede acelerar inversiones destinadas a fabricar una mayor proporción de esos componentes dentro de México, Estados Unidos y Canadá, pero también elevar los costos de cumplimiento si los requisitos avanzan más rápido que la capacidad industrial disponible.
Aranceles presionan a las plantas
Smith indicó que las medidas estadounidenses ya han afectado las exportaciones mexicanas de vehículos hacia ese mercado, aunque México conserva ciertas ventajas frente a competidores externos a Norteamérica.
Los productos mexicanos que cumplen las reglas de origen del T-MEC mantienen preferencias frente a algunas de las medidas arancelarias aplicadas globalmente por Estados Unidos. No obstante, existen disposiciones de seguridad nacional que continúan afectando determinados productos y materiales utilizados por la manufactura.
El impacto no termina en las materias primas. Los aranceles sobre acero y aluminio pueden trasladarse hacia componentes y productos derivados utilizados por múltiples cadenas manufactureras.
Nuevas investigaciones estadounidenses podrían alcanzar sectores como maquinaria industrial, robótica, aeronaves y turbinas, debido a su posible efecto sobre la manufactura avanzada.
Para México, uno de los objetivos de la negociación es conseguir una reducción o eliminación de los aranceles que afectan su comercio y obtener protección frente a posibles medidas futuras de seguridad nacional.
El T-MEC mantiene su vigencia mientras continúan las negociaciones
La revisión también tiene una dimensión de largo plazo. México busca conservar el T-MEC y generar las condiciones para extender su horizonte de vigencia, una decisión que daría mayor visibilidad a las inversiones industriales de largo plazo.
Estados Unidos no aceptó en julio renovar el tratado en su configuración actual, por lo que las negociaciones continúan. Esto no significa la terminación inmediata del T-MEC: el acuerdo permanece vigente mientras los tres países buscan resolver sus diferencias.
Smith descartó que las conversaciones actuales representen por sí mismas un colapso inmediato de la estructura comercial norteamericana y destacó que Washington continúa negociando dentro del marco del acuerdo.
“Tenemos una situación de turbulencia en la negociación de América del Norte, pero no un colapso inminente del tratado”.
México y Estados Unidos han celebrado tres rondas bilaterales durante 2026. En ellas se han abordado reglas de origen, automóviles, acero y aluminio, seguridad económica, agricultura, trabajo y otros asuntos comerciales.
Una negociación bilateral para una industria trilateral
Uno de los puntos cuestionados por Smith es la intención estadounidense de desarrollar buena parte de las conversaciones de manera bilateral, pese a que la producción automotriz funciona bajo una arquitectura regional.
Asuntos específicos pueden negociarse entre dos países, pero las reglas de origen y las cadenas de suministro afectan simultáneamente a México, Estados Unidos y Canadá.
La integración regional es profunda en el sector automotriz, donde una modificación regulatoria puede cambiar decisiones de abastecimiento para proveedores Tier 1, Tier 2 y Tier 3, así como los planes de producción de las armadoras.
Alrededor de 83% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, mientras más de la mitad de la inversión extranjera recibida por México durante las últimas dos décadas procede conjuntamente de Estados Unidos y Canadá.
La discusión del T-MEC determinará, por tanto, mucho más que los aranceles aplicados a un vehículo terminado. Las decisiones sobre reglas de origen y contenido regional influirán en qué componentes deberán fabricarse en Norteamérica, dónde se instalarán los nuevos proveedores y qué plantas captarán las inversiones asociadas con la siguiente generación de vehículos.