Un accidente laboral grave puede representar costos de entre 40,000 y 100,000 dólares para una empresa, mientras que un evento fatal puede superar 1 millón de dólares, de acuerdo con estimaciones presentadas por MindSafe, unidad especializada en seguridad industrial de MIDOT.
El impacto económico se relaciona con interrupciones operativas, incapacidades, investigaciones, reemplazo de personal, daños a instalaciones y pérdida de productividad, además de las consecuencias humanas asociadas con los incidentes.
El reporte Perfiles y Comportamiento Humano: la clave de la seguridad industrial Latam 2026, elaborado a partir de 104,000 evaluaciones en empresas de México, Chile, Perú y Colombia, identificó que alrededor de tres de cada diez trabajadores se encuentran en perfiles que implican una alta probabilidad de accidente o requieren supervisión constante.
El análisis incluyó organizaciones de sectores como manufactura, logística, minería y energía y evaluó variables relacionadas con percepción del riesgo, responsabilidad, relación con normas, respuesta ante autoridad y capacidad de tomar decisiones en operaciones de riesgo.
“Un accidente laboral grave puede costarle a la organización entre 40,000 y 100,000 dólares, mientras que un evento fatal supera fácilmente el millón de dólares”, señaló Lorena Mercado, head of sales de MindSafe en MIDOT para México y Latinoamérica, durante el Congreso MindSafe Safety Experience Querétaro 2026.
Querétaro registró 9,944 accidentes laborales durante 2025
Las cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social muestran la dimensión del problema. Durante 2025 se registraron 432,929 accidentes de trabajo en México.
Querétaro concentró 9,944 accidentes laborales, ubicándose en la posición 17 entre las 35 zonas reportadas por el IMSS. Jalisco registró 46,179 casos; la zona Oriente de Ciudad de México, 39,246; y Nuevo León, 28,482.
Las lesiones más frecuentes estuvieron relacionadas con heridas, luxaciones y torceduras en manos y muñecas, seguidas por afectaciones en tobillo y pie y, posteriormente, lesiones en miembros inferiores.
Uno de los indicadores más relevantes es la antigüedad de los trabajadores. A nivel nacional, 33% de los accidentes ocurrió entre personas con menos de un año en su puesto, mientras 26% correspondió a trabajadores con entre uno y seis meses de antigüedad.
Estos datos colocan la capacitación inicial, la supervisión y la adaptación al puesto como variables críticas para disminuir incidentes durante los primeros meses de operación.
La presión por producir puede desplazar protocolos de seguridad
El análisis de MindSafe identifica además una relación entre las decisiones operativas y la percepción individual del riesgo. De acuerdo con Mercado, uno de los problemas aparece cuando los trabajadores normalizan prácticas inseguras porque anteriormente no generaron consecuencias.
“El trabajador promedio posee una alta tolerancia a la ambigüedad y al riesgo. Si un atajo operativo se tradujo en una experiencia exitosa en el pasado sin consecuencias negativas, se asume erróneamente que el peligro está bajo control. La prisa por cumplir la cuota de producción desplaza al protocolo”.
Este comportamiento representa un desafío para las plantas industriales, particularmente en operaciones donde el cumplimiento de tiempos de producción puede generar presión para acelerar procesos o modificar procedimientos establecidos.
La combinación entre exigencias de productividad y una baja percepción de riesgo puede traducirse en mayor exposición a incidentes, especialmente cuando existen fallas de supervisión o culturas operativas que toleran desviaciones.
Sólo 54% muestra compatibilidad con la cultura de seguridad
El reporte clasificó a los trabajadores en cuatro perfiles según su comportamiento frente al riesgo y su relación con la seguridad.
La denominada zona de riesgo, asociada con una alta probabilidad de accidente, representó 4% de los trabajadores evaluados en 2025, frente a 8% en 2024.
Otro 28% se ubicó en la zona de control, categoría que requiere supervisión constante. La zona de seguridad concentró 51% de los trabajadores, mientras 10% alcanzó el nivel de autonomía, correspondiente a personas con capacidad para tomar decisiones seguras sin supervisión permanente.
El análisis también identificó una reducción en la compatibilidad entre el comportamiento de los trabajadores y las exigencias de seguridad de sus puestos.
Durante 2025, este indicador se situó en 54%, frente al 60% registrado en 2024, lo que significa que poco más de la mitad de los trabajadores evaluados mostró una conducta alineada con los requerimientos de seguridad de su operación.
Gerentes y operarios muestran una brecha de 20 puntos
El estudio detectó diferencias entre los perfiles de seguridad de los niveles gerenciales y los trabajadores operativos. En desempeño relacionado con seguridad, los gerentes alcanzaron 81 puntos, frente a 61 puntos entre los operativos, una diferencia de 20 unidades.
La tolerancia al estrés registró 77 puntos entre los gerentes y 67 entre los operativos, mientras la capacidad para evitar riesgos se ubicó en 74 y 67 puntos, respectivamente, entre ambos grupos de trabajadores.
La dimensión de experiencias anteriores obtuvo 61 puntos, el nivel más bajo dentro del perfil promedio regional. Para las compañías, esta diferencia puede traducirse en problemas de ejecución cuando los protocolos de seguridad definidos por los responsables no se replican de la misma manera en el piso de producción.
“En entornos de riesgo, las personas no sólo siguen procesos: siguen ejemplos, interpretan señales y replican decisiones. Cuando existe brecha entre lo que se comunica y lo que se practica, se refuerzan dinámicas de dependencia y bajo reconocimiento del peligro”, sostuvo Mercado.
Para las industrias intensivas en manufactura, logística, minería y energía, el costo de la seguridad deja así de limitarse al cumplimiento normativo. La capacidad para anticipar conductas de riesgo puede convertirse en una variable de continuidad operativa, productividad y control de costos.