La infraestructura eléctrica dejó de evaluarse únicamente por su capacidad para mantener operativas las plantas durante un corte de energía. Hoy, las empresas industriales incorporan nuevos criterios para decidir sus inversiones, privilegiando la vida útil de los equipos, los costos de mantenimiento, la facilidad para ampliar la capacidad instalada y la disponibilidad de refacciones durante los próximos años.
El cambio responde al crecimiento de industrias que requieren operaciones continuas, como manufactura, logística, telecomunicaciones, centros de datos y hospitales, donde una interrupción del suministro puede traducirse en pérdidas de producción, incumplimientos con clientes y mayores costos operativos.
La tendencia también coincide con las proyecciones del World Energy Outlook 2025 de la Agencia Internacional de Energía (IEA), que advierte que la economía mundial dependerá cada vez más de sistemas eléctricos resilientes.
El organismo reporta que solo durante 2023 los fenómenos meteorológicos extremos provocaron interrupciones del suministro que afectaron a más de 210 millones de hogares y que cerca del 85% de esos eventos estuvieron relacionados con daños en las redes de transmisión y distribución. El estudio concluye que fortalecer la infraestructura eléctrica exigirá sistemas con mayor flexibilidad y capacidad de respuesta para garantizar la estabilidad del suministro.
Esta realidad ha modificado la forma en que las compañías calculan el costo de su infraestructura. El precio de adquisición ya no es el único indicador. Las empresas también consideran la frecuencia de mantenimiento, la posibilidad de incrementar la capacidad instalada sin sustituir equipos completos, el tiempo requerido para realizar intervenciones y el impacto que éstas pueden tener sobre la operación.
"La conversación con nuestros clientes cambió. Antes la principal pregunta era cuánto tiempo podía respaldar un UPS. Ahora quieren saber cuánto les costará mantener esa infraestructura durante la próxima década, qué tan fácil será ampliarla conforme crezca la operación y cómo pueden planear esos costos con mayor certeza. Esa necesidad está cambiando la forma en que se toman las decisiones de inversión", explicó Alejandro Lavín, product manager CPS de Eaton México.
La evolución también responde al crecimiento de la automatización, la digitalización y la manufactura avanzada. Las plantas industriales dependen cada vez más de procesos conectados y equipos de alta disponibilidad, por lo que la infraestructura eléctrica pasó de ser un sistema de respaldo a convertirse en un activo estratégico para la continuidad operativa.
Como parte de esta tendencia, Eaton amplió en México su portafolio de sistemas de alimentación ininterrumpida (UPS) para infraestructura crítica. Las nuevas soluciones incorporan arquitecturas modulares que permiten aumentar la capacidad instalada sin reemplazar completamente los equipos existentes, además de tecnologías que facilitan el mantenimiento sin detener la operación y sistemas avanzados para la administración de baterías.
Estas características buscan reducir los tiempos de intervención, extender la vida útil de los equipos y ofrecer una mayor previsibilidad sobre los costos asociados a la operación de la infraestructura eléctrica, aspectos que hoy pesan cada vez más en la planeación financiera de las organizaciones.
"La disponibilidad seguirá siendo un requisito indispensable, pero ya no es suficiente. Las organizaciones buscan infraestructura que les permita planear con mayor certidumbre el crecimiento de sus operaciones, reducir la incertidumbre asociada al mantenimiento y tomar decisiones de inversión con una visión de largo plazo", concluyó Lavín.