La entrada en vigor de la Ley General de Economía Circular marca un punto de inflexión para la industria en México. Más allá de una regulación ambiental, se trata de un cambio estructural que redefine la forma en que las empresas diseñan, producen y gestionan sus productos a lo largo de toda la cadena de valor.
Para Mayra Hernández Navarro, directora de Asuntos Gubernamentales y Regulatorios de ECOCE, la nueva Ley “es un tema de compromiso en realidad de toda la industria”. La legislación introduce un principio clave: la responsabilidad compartida y extendida del productor, que implica la participación coordinada de empresas, gobierno y consumidores en la gestión de residuos y el aprovechamiento de materiales.
De la gestión de residuos a la producción circular
A diferencia de marcos anteriores centrados en el manejo de residuos, la nueva ley impulsa un enfoque más amplio: la circularidad desde el diseño. Es decir, productos concebidos para ser reutilizados, reciclados o reincorporados a los procesos productivos.
“El objetivo es que todas las industrias transiten hacia una producción completamente circular, no solo en planta, sino en toda su cadena de valor”, señaló. Esto incluye desde la selección de insumos hasta la logística, el consumo y la disposición final.
Además, la ley establece que su implementación será progresiva y diferenciada según el tamaño y capacidad de las empresas, reconociendo la diversidad del tejido industrial mexicano. Para las Mipymes, por ejemplo, se contemplan mecanismos de concertación que les permitirán cumplir de acuerdo con sus posibilidades.
Cumplir para competir
Más que una obligación, la economía circular se perfila como un factor de competitividad. “No solo es cumplir con la ley, es mantenerse competitivo. Muchos de nuestros asociados ya exigen criterios de sostenibilidad y circularidad”, advirtió.
La legislación también abre oportunidades: acceso a financiamiento verde, optimización de costos mediante eficiencia en recursos y fortalecimiento de la reputación corporativa.
¿Qué deben hacer las empresas?
De acuerdo con la directiva de ECOCE, hay cuatro acciones inmediatas que las empresas deben considerar:
- Definir compromisos claros mediante acuerdos de implementación con la autoridad.
- Realizar un diagnóstico ambiental integral de sus procesos y capacidades actuales.
- Vincularse con organismos especializados, que faciliten la transición técnica y regulatoria.
- Impulsar la colaboración sectorial, clave para lograr economías de escala en reciclaje y gestión.
“El cumplimiento no será inmediato ni uniforme, pero sí inevitable. Es una transición gradual que requiere planeación y coordinación”, puntualiza.
La Ley General de Economía Circular no solo responde a la necesidad de mitigar el impacto ambiental, sino a la urgencia de construir un modelo de desarrollo sostenible. En este proceso, México parte con una ventaja: una base industrial que ya ha demostrado capacidad de adaptación y coordinación.
“Es una gran oportunidad para revisar procesos y evolucionar. La economía circular llegó para quedarse”, concluyó Hernández.
El cumplimiento no será inmediato ni uniforme, pero sí inevitable. Es una transición gradual que requiere planeación y coordinación.