La relación económica entre México y Estados Unidos deberá avanzar de una integración basada principalmente en el comercio hacia una estrategia conjunta de manufactura, inversión y cadenas de suministro, además de tecnología y seguridad económica, señalaron líderes empresariales y representantes diplomáticos durante la inauguración de la 5ª Convención Binacional México–Estados Unidos de la American Society of Mexico (AmSoc).
La dimensión económica de la relación bilateral se refleja en un intercambio de 964,100 millones de dólares en bienes y servicios durante 2025, 3.7% superior al año anterior, de acuerdo con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR). Solamente el comercio de mercancías sumó 871,600 millones de dólares.
Estados Unidos exportó mercancías por 337,300 millones de dólares a México durante 2025 e importó productos mexicanos por 534,300 millones de dólares, cifras que muestran el nivel de interdependencia alcanzado por cadenas manufactureras como automotriz, autopartes, electrónica, maquinaria, dispositivos médicos, alimentos y otros segmentos.
Comercio e inversión impulsan una mayor integración productiva entre México y Estados Unidos
Larry Rubin, presidente de American Society of Mexico, sostuvo que esta integración debe traducirse en mayores condiciones para invertir y producir en ambos mercados.
“La prosperidad no se decreta, se construye. Se construye con trabajo, inversión, innovación y confianza. Necesitamos inversión, pero también seguridad jurídica. Necesitamos comercio, pero también condiciones que permitan competir, invertir y generar empleos”.
Rubin destacó que detrás del intercambio comercial existen cadenas productivas integradas, compañías mexicanas proveedoras del mercado estadounidense y empresas de Estados Unidos con operaciones industriales y generación de empleo en México.
México, Estados Unidos y Canadá continúan el proceso de revisión del T-MEC. El 1 de julio, Estados Unidos no aceptó renovar el acuerdo en sus términos actuales, aunque el tratado permanece vigente.
Las conversaciones bilaterales entre México y Estados Unidos han abordado reglas de origen para bienes industriales, automóviles, acero y aluminio, seguridad económica, agricultura, trabajo y cadenas de suministro. Los dos gobiernos también han señalado como prioridad incrementar la manufactura de América del Norte y reducir vulnerabilidades derivadas de insumos procedentes de terceros países.
Francisco Pérez, CEO de Deloitte Spanish Latin America, indicó que la revisión representa una oportunidad para discutir la estructura industrial que deberá desarrollar la región durante las próximas décadas.
“No se trata simplemente de atraer más empresas a México. Se trata de construir cadenas de valor norteamericanas más fuertes, más integradas y más competitivas”.
El directivo identificó a la manufactura avanzada, tecnología e infraestructura, energía y desarrollo de talento como áreas capaces de ampliar la participación de México dentro de las cadenas productivas regionales.
También planteó que la estrategia empresarial debería superar una lógica de competencia aislada entre ambos países y aprovechar sus capacidades complementarias para fortalecer la integración regional.
“Necesitamos evolucionar de una visión México contra Estados Unidos hacia una visión de México más Estados Unidos. La competitividad de México fortalece la competitividad de Estados Unidos y viceversa”.
Sector privado plantea fortalecer manufactura y cadenas de suministro en Norteamérica
Para las empresas, esta discusión abarca decisiones relacionadas con nuevas plantas y ampliaciones de capacidad, proveedores regionales, infraestructura logística, disponibilidad energética, formación de talento y acceso al mercado estadounidense.
La agenda oficial de la revisión del tratado ya ha incorporado muchas de estas variables. En las rondas realizadas durante 2026, los equipos negociadores abordaron reglas de origen industriales, acero, aluminio y automóviles, además de mecanismos para fortalecer la seguridad de las cadenas de suministro y la compatibilidad regulatoria en sectores como dispositivos médicos y farmacéutico.
Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos en México, comentó que la relación comercial entre ambos países está acompañada por una integración social, empresarial y territorial difícil de reproducir en otras regiones.
“Entre Estados Unidos y México tenemos todo lo que necesitamos, no sólo para sobrevivir; tenemos todo lo que necesitamos para prosperar”.
El embajador vinculó las agendas económica y de seguridad, al considerar que mejores condiciones de seguridad inciden directamente en inversión, operación empresarial y desarrollo regional. Su intervención también destacó la complementariedad de recursos, fuerza laboral y mercados entre ambos países.
Para el sector privado, uno de los principales retos será convertir el volumen actual de comercio en una plataforma que genere mayor producción regional y contenido norteamericano, además de innovación y nuevas inversiones.
Las negociaciones del T-MEC determinarán parte de las reglas bajo las cuales operarán esas cadenas durante los próximos años. Hasta ahora, México y Estados Unidos han colocado entre sus prioridades el crecimiento de la manufactura regional, las reglas de origen, la seguridad económica y la reducción de vulnerabilidades en cadenas estratégicas.