La logística en México comenzó 2026 con un enfoque cada vez más claro en la eficiencia operativa y la reducción del impacto ambiental. Tras un año marcado por mayores volúmenes de entrega, presión sobre costos y una movilidad urbana más saturada, el sector cerró 2025 con resultados que colocan a la optimización de rutas como una de las herramientas más efectivas para disminuir emisiones sin frenar la actividad económica.
Durante 2025, el transporte se mantuvo como una de las principales fuentes de dióxido de carbono en el país, lo que llevó a las empresas logísticas a replantear la forma en que planifican sus operaciones. En ese contexto, la optimización inteligente de rutas demostró ser una medida de aplicación inmediata, capaz de generar beneficios ambientales y operativos sin requerir cambios regulatorios ni inversiones en infraestructura adicional.
Eficiencia operativa y reducción de emisiones en logística
De acuerdo con datos operativos de SimpliRoute, en 2025 se planificaron más de 606.6 millones de kilómetros en su operación regional en América Latina. En el caso de México, la operación alcanzó 271.2 millones de kilómetros, de los cuales la optimización permitió evitar el recorrido de 139.7 millones de kilómetros. Este ajuste se tradujo en un ahorro de combustible de 17.4 millones de litros y en la reducción de CO2 de 29,345 toneladas en un solo año.
En la práctica, estos resultados se lograron mediante una reorganización integral de la planeación logística. Rutas que antes se diseñaban de forma aislada se integraron en recorridos unificados, lo que redujo trayectos redundantes y eliminó retornos en vacío. Las entregas mantuvieron su volumen, pero se realizaron con menos unidades, trayectos más cortos y menor consumo energético, lo que impactó directamente en la huella ambiental del transporte.
“Optimizar rutas no es una promesa futura, es una decisión diaria que genera resultados medibles desde el primer día. Cada kilómetro que no se recorre por una mala planeación es una emisión que no llega a la atmósfera”, señaló Álvaro Echeverría.
Impacto urbano y retos de la logística en 2026
Más allá de los indicadores ambientales, la reducción de kilómetros recorridos tiene efectos directos en la vida urbana. Menos desplazamientos implican menor congestión vial, menor presión sobre la infraestructura de transporte y una disminución de contaminantes en zonas donde la logística convive con la movilidad cotidiana de millones de personas.
Durante años, la logística fue vista como un proceso interno de las empresas. Sin embargo, su eficiencia comienza a reflejarse en variables de interés público, como la saturación de las calles, la calidad del aire y la continuidad en el abasto de bienes esenciales. “Cuando una operación se vuelve más eficiente, el beneficio no se queda en un centro de distribución. Se refleja en calles menos saturadas y en ciudades que funcionan mejor”, añadió Echeverría.
De cara a 2026, el sector enfrenta el desafío de reducir su impacto ambiental sin comprometer el dinamismo económico. La experiencia operativa del último año muestra que la optimización logística es una de las pocas palancas con efectos inmediatos sobre emisiones, costos y eficiencia. Ajustar la forma en que se planifican los recorridos incide directamente en una de las variables críticas del transporte: los kilómetros recorridos.