La reorganización de las cadenas globales de suministro ha dejado de responder únicamente a la reducción de costos. En 2026, las decisiones de localización incorporan la resiliencia, la seguridad económica, la exposición arancelaria, el acceso al talento, el cumplimiento regulatorio, la proximidad al mercado y la continuidad operativa. En ese contexto, los distintos “shorings” describen estrategias relacionadas, pero no idénticas. Algunos son conceptos consolidados; otros son expresiones comerciales o emergentes cuyo alcance debe definirse expresamente.
Los shorings en tendencia para 2026:
Onshoring: mismo país. Consiste en trasladar o desarrollar operaciones dentro del mismo país. Puede implicar el traslado desde una región de alto costo a otra con mejores condiciones fiscales, laborales, logísticas o energéticas. No es necesariamente un retorno desde el extranjero; esa característica corresponde específicamente al reshoring.
Nearshoring: país cercano o regional. Es la reubicación o la expansión de operaciones en un país geográficamente cercano al mercado principal. Busca acortar los tiempos de entrega, reducir inventarios y la exposición logística, facilitar la coordinación por zona horaria y fortalecer las cadenas regionales. Para Norteamérica, México conserva una posición estratégica por su integración manufacturera, proximidad y acceso preferencial bajo el T-MEC.
Offshoring: país extranjero. Es la transferencia de procesos productivos o de servicios a otro país para aprovechar costos, capacidades técnicas, escala o el acceso a mercados. El término se originó en actividades realizadas “fuera de la costa”, pero desde las décadas de 1960 y 1970 se extendió a la localización internacional de las operaciones empresariales. En manufactura, comprende la producción en países distintos del país de origen, incluida la operación bajo esquemas como el IMMEX en México.
Farshoring: país geográficamente distante. Se utiliza para describir una modalidad de offshoring hacia jurisdicciones lejanas, como China, Taiwán, Vietnam o Laos. El término sigue apareciendo en la práctica empresarial, aunque no cuenta con una definición técnica uniforme. Su utilidad radica en distinguir la búsqueda de costos o de escala en ubicaciones distantes, lo cual es lo opuesto al nearshoring.
Reshoring: retorno de operaciones. El reshoring es el regreso al país de origen de actividades que previamente se deslocalizaron. Puede obedecer a la pérdida de ventajas de costo, a riesgos geopolíticos, a incentivos públicos, a requisitos de seguridad nacional o a la protección de sectores estratégicos, como semiconductores, baterías, defensa y productos médicos. Debe distinguirse del onshoring, que también comprende movimientos internos sin un antecedente de deslocalización.
Allyshoring: producción con aliados estratégicos. Prioriza la relocalización o el abastecimiento provenientes de países considerados aliados en los ámbitos político, comercial o de seguridad. La cercanía geográfica no es indispensable. En 2026, el concepto se vincula cada vez más con controles de exportación, minerales críticos, semiconductores, la defensa y la reducción de insumos provenientes de economías consideradas no de mercado.
Friendshoring: cadenas entre países confiables. Es una estrategia cercana al allyshoring que concentra la inversión, la producción o el abastecimiento en países considerados confiables. El término ganó visibilidad durante la administración de Joe Biden. Su principal riesgo es favorecer la fragmentación geoeconómica y reducir la eficiencia de las cadenas globales diversificadas.
Omnishoring: distribución flexible de la producción. Describe la asignación de diferentes etapas o volúmenes de producción entre varias ubicaciones, según la demanda, el costo, la velocidad y el riesgo. Puede comenzar con lotes reducidos cerca del mercado, trasladar la producción a escala a centros más competitivos y regresar capacidad al mercado regional para su reposición. Aunque el término no está estandarizado, refleja una práctica real en los portafolios productivos multinacionales.
Inshoring: traslado dentro del territorio nacional. En el sentido utilizado en este artículo, consiste en trasladar empresas, instalaciones o procesos a una ubicación más económica dentro del mismo país. Puede responder a la proximidad con los clientes, la disponibilidad de talento, los costos laborales, los impuestos, la energía o la regulación, así como los traslados entre los estados de Estados Unidos. En otras fuentes, “inshoring” se usa como sinónimo de “onshoring”.
Las nuevas extensiones y estrategias relacionadas para 2026.
Sin sustituir los conceptos anteriores, el entorno actual incorpora expresiones que ayudan a explicar la diversificación de cadenas de suministro y consumo:
China Plus One/Country Plus One: Mantiene una base relevante en una jurisdicción y desarrolla capacidad complementaria en otra para reducir la concentración.
Multi-shoring: Distribuye procesos entre onshoring, nearshoring y offshoring según el riesgo y la función de cada operación. Es una expresión empresarial, no una categoría jurídica uniforme.
Right-shoring: Selecciona la ubicación “correcta” para cada actividad con base en el costo total, el talento, el mercado, la regulación, la resiliencia y la propiedad intelectual.
De-risking geográfico: No implica necesariamente abandonar un país; busca reducir dependencias críticas mediante proveedores alternativos, inventarios, redundancia y producción regional.
Connector countries: Describe los países que captan comercio e inversión debido a la reconfiguración de los grandes bloques económicos. Debe distinguirse entre la producción real y un simple desvío o un transbordo comercial.
La actualización de 2026 exige una precisión adicional: la relocalización no garantiza, por sí misma, una mayor resiliencia. La OCDE advierte que una relocalización generalizada puede reducir el comercio mundial y el PIB real sin disminuir necesariamente la volatilidad. La estrategia más robusta combina diversificación, visibilidad de los proveedores, inventarios críticos, redundancia y cooperación regional.
La movilidad de la mano de obra en la región del T-MEC
La llamada “Gran Renuncia” alcanzó uno de sus máximos visibles en noviembre de 2021, con alrededor de 4.5 millones de renuncias en Estados Unidos. Sin embargo, esa cifra ya no describe por sí sola el mercado laboral de 2026. En junio de 2026, el Bureau of Labor Statistics reportó aproximadamente 7.4 millones de vacantes y 3.2 millones de renuncias, equivalentes a una tasa de 2.0%. El mercado mantiene movilidad y demanda de talento, pero se encuentra más normalizado que durante la salida de la pandemia.
La escasez de habilidades sigue siendo relevante en manufactura avanzada, ingeniería, tecnología, logística, salud y en ocupaciones técnicas. Para las empresas que adoptan estrategias de nearshoring, el reto no es únicamente atraer inversión, sino también contar con personal capacitado, movilidad transfronteriza ordenada, certificaciones reconocibles y políticas laborales compatibles con el T-MEC. La disponibilidad de infraestructura y talento puede ser tan determinante como los costos salariales.
La referencia al límite estadounidense de 125,000 admisiones de refugiados para el ejercicio fiscal 2024 ya no debe presentarse como política vigente. En enero de 2025, el Programa de Admisión de Refugiados de Estados Unidos fue suspendido y sometido a revisión. En consecuencia, no existe sustento para afirmar que, en 2026, el reasentamiento de refugiados opera como una política activa de cobertura de vacantes.
Las ofertas de trabajo: ¿un mito o una realidad?
Las oportunidades laborales continúan distribuyéndose entre múltiples categorías ocupacionales, desde puestos de entrada hasta funciones ejecutivas. Tecnología de la información, ciencia, ingeniería, manufactura avanzada, logística, salud, preparación de alimentos, hospitalidad, negocios y comercio siguen entre las áreas con demanda relevante. No obstante, la existencia de una vacante no implica elegibilidad migratoria.
En opinión de Matthew Myers, abogado de Myers Immigration Law Firm, las categorías de visas más solicitadas por profesionales para ingresar, residir y trabajar en Estados Unidos son: H-1B, H-1B1, E-3, O-1, TN, L-1 y E-1/E-2, que responden a requisitos distintos de nacionalidad, profesión, empleador, inversión, temporalidad y disponibilidad numérica. Por ello, no deben describirse simplemente como “las visas más solicitadas”. La estrategia correcta parte de las aptitudes y credenciales del candidato, del puesto, de la nacionalidad, del empleador y de la duración prevista de la asignación.
México: ¿un paraíso o la antesala de la libertad?
Las cifras confirman que México ha dejado de ser únicamente un país de tránsito para consolidarse también como destino. En 2022 se registraron 118,478 solicitudes y, en 2023, el sistema alcanzó un máximo histórico de 140,982. Aunque en 2024 el volumen descendió a aproximadamente 79,000 solicitudes, México se mantuvo entre los diez principales países receptores. En 2025 se presentaron más de 70,500 solicitudes, mientras que en el primer trimestre de 2026 se contabilizaron 10,205, lo que apunta a una estabilización en niveles todavía elevados.
La reducción de solicitudes no elimina el desafío. El cambio en las nacionalidades de origen y la permanencia de flujos significativos obligan a fortalecer la capacidad institucional, presupuestaria y social del país. La cuestión ya no es si México será un país de destino, sino si podrá garantizar protección efectiva, documentación, empleo e integración. De ello dependerá si se convierte en un verdadero refugio o permanece como una antesala prolongada hacia la libertad.