por Ana Lilia Cortés, Gerente de Economía Circular y TWM de Veolia en México
Una empresa automotriz global nos pidió ayuda para reducir sus costos de gestión de residuos. Lo primero que hicimos fue mapear todo lo que salía de sus plantas. El ejercicio reveló materiales con valor de mercado que se enviaban a disposición final, procesos de separación que podían mejorarse con ajustes menores y residuos que otras industrias necesitaban como insumo y que ellos estaban pagando para eliminar.
Al cabo de un año, esa empresa había alcanzado una tasa de recuperación de material del 94% y una reducción de costos de 632 mil euros anuales. No por invertir en tecnología nueva, sino por ver sus residuos de otra manera.
Eso es economía circular en la práctica. Un modelo de negocio. Y es también lo que la nueva Ley General de Economía Circular —publicada el 19 de enero de 2026— está intentando sistematizar a escala nacional.
Con la entrada en vigor de la Ley General de Economía Circular, la Responsabilidad Extendida del Productor (REP) deja de centrarse únicamente en la gestión de residuos y evoluciona hacia un enfoque de responsabilidad ambiental sobre todo el ciclo de vida del producto. La legislación establece que fabricantes, importadores y, en su caso, organismos coordinadores deberán implementar esquemas de Gestión Circular que incorporen mecanismos de prevención, recuperación, valorización, aprovechamiento y trazabilidad de materiales y residuos. Muchas empresas están esperando ese momento para actuar. Es comprensible, pero es un error que ya hemos visto antes.
El Reglamento va a definir las reglas, pero no va a hacer el trabajo previo por nadie. Mapear los flujos de residuos, identificar qué materiales tienen potencial de valorización, encontrar las industrias que podrían usarlos como insumo. Ese ejercicio interno toma tiempo, y cuanto más tarde se empiece, menos margen de maniobra hay.
Cuando las obligaciones sectoriales se activen y más empresas busquen soluciones al mismo tiempo, la capacidad instalada será el factor limitante. De acuerdo con la SEMARNAT en Nuevo León, solo en el estado, el volumen de residuos gestionados se multiplicó por más de ocho veces en seis años, y en todo México existen únicamente tres centros especializados capaces de operar a esa escala.
Las empresas que ya tienen asegurado un aliado técnico estarán en una posición radicalmente distinta a las que empiecen a buscar cuando el margen se haya cerrado. Lo que hemos aprendido en cerca de 40 años operando en México es que la economía circular se construye a partir de diagnósticos honestos y alianzas entre industrias que, en apariencia, no tienen nada que ver entre sí.
En San Luis Potosí, llevamos diez años trabajando con Cementos Moctezuma bajo un esquema donde los residuos industriales peligrosos que otras empresas generan se convierten en combustible alternativo para sus hornos. En una década, ese modelo evitó 71,000 toneladas de
CO₂ y eliminó la necesidad de 1,600 tráileres de transporte. Lo que para una industria era un pasivo ambiental, para la otra es valor operativo.
El mismo principio aplicó con Sanofi, donde el punto de partida fue entender qué generaban, en qué volúmenes y hacia dónde iba. Ese diagnóstico fue lo que permitió diseñar una ruta hacia una tasa de circularidad superior al 90% y cero residuos a vertedero. No la regulación, sino el conocimiento técnico profundo de su propia operación.
Una planta farmacéutica y una cementera. Una automotriz y una empresa de materiales de construcción. Un fabricante de adhesivos y una industria del calzado. Los vínculos no son obvios hasta que alguien mapea los flujos con precisión y encuentra que el residuo de uno es exactamente el insumo que el otro necesita.
La economía circular ya llegó a la industria mexicana, con o sin Reglamento. La ley la convierte en política pública, pero el modelo de negocio ya existe y ya genera resultados medibles.
La pregunta para cualquier director de operaciones, de sustentabilidad o de finanzas no es si van a tener que adaptarse. Es si van a encontrar el valor que hay en sus residuos antes o después de que alguien más lo haga por ellos.
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