La nueva regulación eléctrica amplía las posibilidades para que empresas y parques industriales generen electricidad para consumo local, mientras el crecimiento de la generación distribuida y la incorporación de almacenamiento podrían modificar la gestión energética de las compañías.
Karla Cedano, investigadora del Instituto de Energías Renovables de la UNAM, señaló que uno de los cambios con mayor potencial para el sector industrial es la posibilidad de desarrollar esquemas de generación aislada de hasta 22 megawatts (MW), bajo una regulación que permite utilizar la electricidad en el mismo sitio donde se produce, sin inyectarla a la red. Esta condición abre una oportunidad para que industrias y parques industriales incorporen generación renovable y avancen hacia una mayor autonomía energética.
“Tenemos la posibilidad de tener instalaciones de hasta 22 megas. Es mucha electricidad y, dado que no se sube a la red esa generación, sino que es para el consumo local, se crea un ecosistema muy atractivo para parques industriales y para industrias de un tamaño importante”.
La investigadora consideró que este esquema representa una posibilidad que no había estado disponible con las mismas características en regulaciones anteriores y que puede aprovecharse mediante instalaciones fotovoltaicas destinadas al autoconsumo. La reducción en los costos de la generación solar también favorece su adopción, particularmente en instalaciones que buscan reducir su exposición al costo de la electricidad y mejorar el control sobre su suministro.
Generación distribuida fortalece el autoconsumo industrial
Cedano explicó que la generación distribuida parte de un principio de descentralización: producir la electricidad cerca del punto donde será consumida. Esta configuración reduce las pérdidas asociadas al transporte de energía y permite a los usuarios mantener su generación dentro de los circuitos locales de distribución.
En México, este esquema se ha expandido mediante sistemas de menor escala que requieren una gestión regulatoria distinta a la de los grandes proyectos de generación. La investigadora destacó que la continuidad de reglas para la generación distribuida desde las modificaciones regulatorias de 2014 ha contribuido al desarrollo de un mercado de instaladores y proveedores de soluciones fotovoltaicas.
“Si ha habido alguna certeza en el mercado eléctrico, tiene que ver con la generación distribuida. Eso ha permitido que el mercado de instalación se desarrolle”.
La oportunidad también alcanza a las pequeñas y medianas empresas, que pueden utilizar la generación distribuida no solo para reducir el costo de su factura eléctrica, sino para gestionar de manera más eficiente sus patrones de consumo. Cedano señaló que conocer cuándo se presentan los picos de demanda y cuáles procesos pueden modificarse permite establecer una relación más eficiente entre generación y consumo.
La estrategia puede incluir, por ejemplo, trasladar determinadas actividades al periodo de mayor generación solar. En una planta industrial, esto podría traducirse en programar cargas de vehículos eléctricos, procesos no críticos o determinados equipos durante las horas de mayor disponibilidad de energía fotovoltaica.
“Cuando tú entiendes la dinámica de la gestión energética, puedes decir qué actividades son esenciales y cuándo voy a tener un consumo continuo, pero qué actividades puedo modular para cuando hay más energía solar o eólica. Entonces se hace una sociedad entre la demanda y la generación”.
La creciente demanda de electricidad derivada de la electrificación del transporte, la automatización industrial, la inteligencia artificial y la instalación de centros de datos también plantea la necesidad de incorporar nuevas herramientas para administrar el consumo. Para Cedano, la generación distribuida deberá complementarse con almacenamiento para aprovechar los excedentes de generación renovable y utilizarlos cuando disminuya la disponibilidad de recursos como el sol.
Las baterías de almacenamiento y los vehículos eléctricos pueden formar parte de esta estrategia al funcionar como elementos adicionales dentro de la gestión energética. Para las empresas, esto abre la posibilidad de coordinar generación, almacenamiento y demanda para reducir costos y mejorar la eficiencia de sus operaciones.
“Convivir inteligentemente con esa generación y esa demanda energética, pensando en que no solo genero, sino también almaceno, le va a permitir a la industria ser muy competitiva en precio, calidad y timing”, señaló la investigadora.
Además de la dimensión económica, Cedano planteó que la expansión de las energías distribuidas debe incorporar una perspectiva de transición energética justa. La nueva regulación, dijo, reconoce conceptos como justicia energética y pobreza energética, lo que abre un espacio para que la industria participe en proyectos que mejoren el acceso a la electricidad en comunidades y grupos vulnerables.
La académica consideró que los programas de responsabilidad social empresarial pueden orientarse hacia proyectos energéticos, como instalaciones fotovoltaicas en escuelas, centros comunitarios o espacios culturales. Estas acciones podrían ampliar el acceso a electricidad y, con ello, facilitar servicios asociados con educación, conectividad, conservación de alimentos y movilidad. “Tenemos que pensar más en la energía como un elemento que nos permite bienestar, que como ‘me enchufo y ya’. Ahí está el énfasis”.
Talento y sustentabilidad ante la transición energética
La transformación del sistema energético también requiere talento especializado. Cedano destacó el papel de las universidades en la formación de profesionales capaces de responder a las nuevas necesidades de la industria.
El Instituto de Energías Renovables de la UNAM cuenta con décadas de experiencia en formación e investigación en energías renovables y ha generado una red de especialistas que actualmente participa en proyectos académicos y productivos en distintas entidades del país.
Para la investigadora, la industria deberá ampliar la incorporación de criterios de sustentabilidad en sus decisiones tecnológicas y operativas. Esto implica considerar alternativas como el biogás y el calor solar, además de la generación fotovoltaica, para reducir gradualmente la dependencia de combustibles fósiles.
En ese proceso, consideró que los espacios de vinculación entre empresas y academia adquieren relevancia. Foros especializados como Intersolar México pueden funcionar como puntos de encuentro para transferir conocimiento, identificar necesidades industriales y acercar a estudiantes y jóvenes especialistas a las tecnologías que demanda el mercado.
“La academia puede ser el pilar, pero la conexión está justo en la vinculación. De poco sirve tener la experiencia en la academia y la necesidad en la industria si no tenemos ese puente que nos permita platicar”.
La especialista añadió que una transición energética efectiva también deberá incorporar una mayor participación de mujeres, personas indígenas y personas con discapacidad, además de otros grupos que históricamente han tenido menor representación en el sector energético.
Para Cedano, la generación distribuida y el almacenamiento no representan únicamente nuevas tecnologías de suministro eléctrico, sino herramientas para modificar la relación entre generación, consumo y productividad. La capacidad de las empresas para administrar conjuntamente sus fuentes de energía, almacenamiento y demanda será determinante para aprovechar la electrificación de nuevos procesos sin comprometer la competitividad de sus operaciones.