El sector del envase y embalaje en México, pieza fundamental del comercio exterior, atraviesa una etapa de transformación marcada por la innovación, la sostenibilidad y los ajustes financieros derivados de nuevas políticas comerciales.
El incremento del 50% a los aranceles de acero y aluminio impuesto por Estados Unidos, junto con las tarifas que México aplicará a partir de 2026 a plásticos (10%-35%), cartón y papel (15%-50%) y vidrio (35%-50%) provenientes de países sin tratados comerciales, está redefiniendo la estructura de costos y generando presiones sobre toda la cadena de suministro.
De acuerdo con Mordor Intelligence, el mercado mexicano del packaging alcanzará 28,740 millones de dólares al cierre de 2025, mientras que Grand View Research estima que el segmento de cartón y papel superará los 10,000 millones de dólares. Por su parte, la Asociación Mexicana de Envase y Embalaje (AMEE) calcula que el sector representa 1.7% del PIB nacional, 8.6% del PIB manufacturero y 5.5% del PIB industrial, con una producción superior a 16.3 millones de toneladas en 2024, equivalente a un crecimiento de 5.5% anual.
“Los envases y embalajes son muy relevantes para nuestra economía y el comercio internacional; sin ellos, ningún bien puede llegar al consumidor. Sabemos que hoy la incertidumbre por los aranceles está obligando a las empresas a replantear su estructura financiera y de suministro”, comentó Paulina Aguilar, cofundadora y Chief Revenue Officer (CRO) de Mundi, fintech especializada en comercio internacional.
Demanda especializada impulsa al mercado
El dinamismo del sector está estrechamente ligado al nearshoring, el auge del comercio electrónico y el aumento de exportaciones de productos con empaques especializados. Según la AMEE, el 50% de los envases producidos en el país se destinan al sector de alimentos y bebidas, seguido por productos domésticos (15%), cuidado personal (15%) y farmacéuticos (10%), lo que refleja su relevancia en cadenas de exportación estratégicas.
Sin embargo, el embalaje industrial especializado para exportación, utilizado en sectores como autopartes, electrónica y maquinaria, aún muestra un crecimiento limitado: pasó de 768 millones de dólares en 2024 a una proyección de 1,192 millones de dólares hacia 2033, lo que indica espacio para modernización e innovación tecnológica.
“Para que más empresas del sector aprovechen esta ola de exportación especializada se requiere más que producción: se necesitan procesos tecnológicos de última generación y la capacidad de adaptarse a regulaciones internacionales. El financiamiento estratégico puede ser el puente entre el potencial de nuestras cadenas productivas y la integración global”, explicó Aguilar.
Innovación, sostenibilidad y financiamiento
A las presiones arancelarias se suman los retos de sostenibilidad e innovación. Las empresas están invirtiendo en envases reciclables y biodegradables, cumpliendo con normativas más estrictas de seguridad alimentaria y etiquetado, y respondiendo a los nuevos hábitos de consumo derivados del e-commerce y el delivery.
“México tiene la oportunidad de construir un sector del envase y embalaje más resiliente, sostenible y globalmente competitivo. El financiamiento es una herramienta que estimula a las PyMEs a innovar, sustituir importaciones y consolidar el sello ‘Hecho en México’ como sinónimo de calidad y confianza internacional’’, concluyó Aguilar.