La lucha contra el cambio climático no empieza con paneles solares ni sensores de movimiento: empieza con un cambio de mentalidad. Esa fue una de las ideas más poderosas que emergió durante el arranque del taller para la Alianza Climática en Nuevo León, que unió a gobierno, industria y cooperación internacional en torno a un objetivo común: transformar el modelo energético industrial de forma profunda y duradera.
“Las alianzas climáticas no son solo un espacio de consulta, son un llamado a la acción, a la colaboración y a la innovación”, dijo con firmeza Yoelle Rojas, directora del Clúster de Electrodomésticos, al dar la bienvenida a los participantes.
Desde la perspectiva danesa, este tipo de transformación solo es posible si se construye con una base de confianza y apertura. Claus Andreasson, asesor principal de la Agencia Danesa de Energía, fue claro: “En estas alianzas no existe el ‘no se puede’. Esa frase no aplica aquí”.
Industria de Nuevo León adopta modelo colaborativo con enfoque ambiental
Su mensaje llegó a los asistentes: no se trata solo de aplicar tecnología, sino de compartir información, hablar con franqueza, asumir responsabilidades y dejar atrás la lógica de competencia aislada. “Muchos países ven al gobierno como el policía. Nosotros proponemos otra relación: colaborar, apoyarse, confiar”, expresó Andreasson.
Ese espíritu quedó de manifiesto en la dinámica del taller, donde representantes de empresas grandes y pequeñas compartieron ideas, aprendizajes e incluso errores. Algunas compañías ya habían logrado reducciones de consumo energético sin grandes inversiones, mientras que otras buscaban aprender para empezar. Lejos de competir, se escucharon, aprendieron y construyeron comunidad.
“Este no es un beneficio para una sola empresa. Es para todos. Es para el estado, para el país y para el planeta”, expresó Rojas al cerrar su intervención.
Transición justa y cultura de sostenibilidad, claves del éxito climático
Otro punto central fue el de la transición justa: cómo acompañar a los trabajadores en este proceso de cambio, capacitarlos, incluirlos y abrir nuevas oportunidades. La sostenibilidad no puede ser un lujo para unos cuantos; debe ser una transformación compartida.
Dinamarca aprendió esto en carne propia: tras 50 años de evolución energética, entendió que sin cultura, los mejores planes se quedan en papel. Por eso, hoy comparte no solo sus éxitos, sino también sus errores, para que otros países puedan avanzar más rápido y mejor.
En un contexto donde la urgencia climática se cruza con una crisis energética latente, la Alianza Climática ofrece algo más que soluciones técnicas: ofrece esperanza, propósito y dirección. Y para lograrlo, hace falta algo más poderoso que cualquier tecnología: una industria convencida de que el cambio es posible y que el futuro se construye en equipo.