La expansión de la electromovilidad avanza a nivel global, pero su sostenibilidad depende de la gestión de las baterías de litio al término de su vida útil. En América Latina, las soluciones para su reúso, reciclaje y disposición aún se encuentran en etapas iniciales.
El whitepaper “Gestión de baterías de vehículos eléctricos en América Latina”, desarrollado por VEMO y REMSA, advirtió que la región todavía no cuenta con la infraestructura necesaria para atender la ola de baterías que llegará en los próximos años.
“El crecimiento de la movilidad eléctrica no será sostenible si no existe un sistema capaz de manejar adecuadamente el ciclo completo de las baterías”, señaló el documento elaborado por ambas compañías. También apunta que el litio es un insumo clave para la transición energética y que su aprovechamiento debe maximizarse mediante estrategias de segunda vida, reciclaje y disposición segura.
La segunda vida es una de las alternativas prioritarias cuando una batería aún conserva parte de su capacidad. Estos sistemas pueden utilizarse para almacenamiento estacionario y apoyar el funcionamiento de infraestructura eléctrica. “La reutilización permite extender el valor energético de cada batería y reduce la presión sobre la extracción de minerales”, explicó el análisis.
Cuando el desempeño ya no permite su reutilización, el reciclaje es el camino siguiente. En esa etapa se recuperan materiales como litio, cobalto y níquel. “Hoy la capacidad mundial de reciclaje es insuficiente para procesar el volumen que se generará en la próxima década”, advirtió el whitepaper, citando que la demanda de baterías llegó a casi 800 GWh en 2022, mientras que la capacidad global de reciclaje se ubicó en 300 GWh.
Marco regulatorio mexicano para baterías de litio
En México, las baterías de litio están catalogadas como residuos de manejo especial conforme a la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (2003) y la NOM-161-SEMARNAT-2011. Aunque estas normativas permiten planes de manejo voluntarios, no establecen sanciones específicas por incumplimiento.
La Estrategia Nacional de Movilidad Eléctrica (ENME) plantea que para 2030 el 10% de las ventas de vehículos sean eléctricos y alcanzar una electrificación total hacia 2050. Sin embargo, la infraestructura para reciclaje aún es limitada.
Falta de capacidad regional para reciclar baterías
El documento elaborado por VEMO y REMSA señaló que la ausencia de infraestructura local podría obligar a enviar baterías a otros países con capacidad de procesamiento. “Trasladar baterías a grandes distancias implica costos elevados y un mayor impacto ambiental, lo que afectaría el análisis completo de la huella de carbono de los vehículos eléctricos”.
Las organizaciones concluyen que la región requiere una visión colaborativa entre industria, gobiernos y sociedad. “La gestión adecuada de baterías será un factor determinante para que la electromovilidad sea realmente sostenible”, destacaron los autores del whitepaper.
El análisis también subrayó que la reutilización de baterías en sistemas de almacenamiento puede convertirse en una herramienta clave para garantizar un uso más eficiente de los recursos y acelerar la transición energética en América Latina.