Las interrupciones eléctricas representan un riesgo financiero para las empresas que dependen de infraestructura tecnológica, servidores y redes para mantener sus operaciones. De acuerdo con Uptime Institute, 54% de los encuestados reportó que su última interrupción significativa o severa durante 2025 generó un costo superior a 100,000 dólares, mientras que uno de cada cinco registró pérdidas mayores a un millón de dólares.
El impacto es relevante para las empresas mexicanas durante la temporada de lluvias, cuando las condiciones climáticas pueden incrementar las variaciones de voltaje y las interrupciones del suministro eléctrico, al tiempo que el crecimiento de la demanda mantiene presión sobre la infraestructura eléctrica.
La demanda máxima del Sistema Interconectado Nacional alcanzó 52,945 megawatts a mediados de 2025, de acuerdo con información de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace). El crecimiento de la demanda eléctrica en horas pico representa un reto adicional para la confiabilidad del suministro y para los equipos que dependen de una alimentación eléctrica estable.
Para las empresas, el riesgo no se limita a un apagón. Las variaciones de voltaje y los transitorios eléctricos pueden deteriorar gradualmente fuentes de poder, computadoras, servidores, sistemas de comunicación y otros componentes que sostienen la operación empresarial.
Los transitorios eléctricos pueden dañar equipos de forma gradual
Un transitorio de voltaje puede presentarse durante una fracción de milisegundo o hasta un ciclo eléctrico completo y alcanzar miles de volts, de acuerdo con información técnica del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST).
La corta duración de estos eventos dificulta su detección mediante algunos sistemas de monitoreo. Sin embargo, las elevaciones repentinas de tensión eléctrica pueden generar un desgaste acumulativo en los componentes electrónicos.
Además, entre 60% y 80% de las sobretensiones que afectan instalaciones comerciales e industriales se originan dentro de los propios edificios, según información de la Electrical Safety Foundation International (ESFI) y la Asociación Nacional de Fabricantes Eléctricos (NEMA).
Equipos que se encienden o apagan de manera abrupta pueden generar perturbaciones eléctricas capaces de afectar otros dispositivos conectados a la instalación eléctrica.
“Un pico de voltaje puede pasar desapercibido debido a su corta duración, sin embargo, esas elevaciones repentinas en la tensión eléctrica con el paso del tiempo desgastan las fuentes de poder eléctrico de los equipos”, explicó Efrén Chávez, gerente de Electrical Engineering Services and Systems de Eaton.
El desgaste puede reducir la vida útil de los equipos antes de que se presente una falla evidente. Para una empresa, esto puede traducirse en gastos de reparación o sustitución no contemplados, además de las pérdidas asociadas con la interrupción de las actividades.
Mantenimiento preventivo y protección eléctrica reducen riesgos
El costo de una falla también está relacionado con la forma en que las empresas mantienen su infraestructura eléctrica. Un estudio publicado por IOP Science y elaborado en Purdue University encontró que el mantenimiento correctivo no planificado puede tener un costo hasta 23% superior al mantenimiento preventivo programado.
En instalaciones, una falla eléctrica puede detener servidores, sistemas de comunicación, líneas de producción o procesos que dependen de infraestructura tecnológica.
Una estrategia de protección puede incluir reguladores de voltaje, sistemas de alimentación ininterrumpida (UPS), dispositivos de protección contra sobretensiones y esquemas de monitoreo, dependiendo del nivel de criticidad de cada equipo.
El objetivo es evitar que una perturbación eléctrica termine afectando activos de mayor valor. Mientras un sistema de protección representa una inversión asociada a la infraestructura eléctrica, sustituir un servidor o un conjunto de equipos dañados puede implicar costos adicionales de adquisición, configuración y recuperación de información.
Una interrupción también puede generar horas de inactividad mientras se reinstalan aplicaciones, se recuperan respaldos o se restablecen los servicios afectados.
La energía fue identificada por el Annual Outage Analysis 2026 de Uptime Institute como la principal causa de las interrupciones graves. Entre las fallas más frecuentes se encuentran problemas relacionados con UPS, transferencias de energía y generadores.
Los datos muestran que el costo de una interrupción puede superar ampliamente el valor de los equipos directamente afectados. De acuerdo con el reporte, 54% de los encuestados señaló que su última interrupción significativa o severa costó más de 100,000 dólares, mientras que 20% reportó pérdidas superiores a un millón de dólares.
Para las organizaciones que operan centros de datos, infraestructura de telecomunicaciones o sistemas tecnológicos críticos, una interrupción puede afectar simultáneamente disponibilidad, productividad, información y compromisos con clientes.
“Este panorama debería ser una señal de alerta sobre el riesgo para una oficina que no cuenta con una estrategia de protección eléctrica formal. Pensar en la protección eléctrica como una inversión que extiende la vida útil de la infraestructura tecnológica y reduce el riesgo financiero de una oficina o de un centro de datos, va más allá de un gasto adicional de mantenimiento”, señaló Chávez.
Las empresas pueden establecer distintos niveles de protección eléctrica dependiendo del tipo de instalación y de la importancia de los equipos. Una estación de trabajo, un servidor, una red de comunicaciones o un centro de datos tienen diferentes requerimientos de continuidad y protección.
La identificación de los equipos críticos permite determinar qué infraestructura requiere respaldo inmediato y cuáles son los puntos con mayor exposición a variaciones eléctricas.
Para Eaton, la estrategia debe partir de conocer la frecuencia de los cortes y variaciones de voltaje, identificar los activos críticos y calcular cuánto representa financieramente una interrupción para la operación.
“La protección eléctrica bien planificada evita reemplazos prematuros, protege la información y respalda la continuidad del negocio, con un retorno que se mide en equipos que siguen funcionando años después de lo esperado”, concluyó Chávez.