Energía solar, clave para garantizar la competitividad industrial en México

Israel Molina.
Agosto 22, 2025

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El fenómeno del nearshoring se ha presentado como una de las grandes promesas para detonar la inversión industrial en México. Sin embargo, a pesar de los anuncios y expectativas, los resultados hasta ahora han estado lejos del optimismo inicial.

Tan solo en el primer trimestre de 2025, la Secretaría de Economía reportó un récord de 21.4 mil millones de dólares en Inversión Extranjera Directa (IED), de los cuales 346 anuncios de inversión suman un valor estimado de 78.2 mil millones de dólares. El reto es que gran parte de estas proyecciones todavía no se traducen en beneficios tangibles para la competitividad del país.

Esta dinámica implica un aumento acelerado en la demanda de energía en regiones como el norte y el Bajío, donde la infraestructura eléctrica de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ya opera en condiciones de saturación y enfrenta limitaciones para crecer al mismo ritmo que los parques industriales. El resultado es un riesgo de cuello de botella energético que podría frenar la oportunidad que tiene México para convertirse en un hub industrial.

 

Energía solar y nearshoring: capacidad, regiones y competitividad

En 2024 el país sumó aproximadamente 1.1 GW de nueva capacidad fotovoltaica, situándose entre las 34 naciones que aumentaron su capacidad solar en más de un gigavatio ese año. Además, la generación distribuida de México creció más de 35%, de acuerdo con la Comisión Reguladora de Energía (CRE). Estas cifras reflejan el potencial de una industria que encuentra en la abundancia de irradiación solar del país una ventaja competitiva frente a otros mercados, colocando a México entre los diez principales destinos emergentes para inversión solar a nivel global.

Aprovechar este momento de crecimiento es clave para dar visibilidad al potencial económico y financiero de la energía solar, transformando esta abundancia de recursos en oportunidades reales de desarrollo y competitividad industrial. Junto con el crecimiento acelerado también han emergido riesgos estructurales que amenazan la confianza en el sector. La presión por reducir costos ha derivado en prácticas que merman la competitividad del país, que van desde la instalación de equipos no certificados y de baja durabilidad, hasta diseños incorrectos que comprometen el rendimiento del sistema desde el primer día.

En algunos casos pueden ocurrir manipulaciones en sensores o ajustes en parámetros de medición que buscan simular rendimientos superiores para justificar el cumplimiento de contratos. Bajo esquemas de financiamiento como los Contratos de Compraventa de Energía (PPAs), el problema se agrava: al finalizar el contrato, el cliente puede recibir equipos deteriorados, con componentes degradados o reparaciones superficiales que encubren fallas más profundas, por lo que su vida útil se verá limitada.

El impacto de estas malas prácticas se refleja en pérdidas económicas para los inversionistas, menor ahorro real para las empresas compradoras de energía y la erosión de la confianza en un sector que debería ser parte de la solución al reto energético, no un nuevo foco de incertidumbre.

 

La clave para el éxito: calidad, monitoreo y transparencia en energía solar

Frente a este escenario, la clave no es frenar la expansión de la energía solar, sino avanzar hacia un modelo que privilegie la calidad y la transparencia como principios rectores. Para lograrlo es necesario fortalecer los procesos de validación técnica antes de instalar, con evaluaciones independientes que garanticen que los diseños cumplen con estándares internacionales.

Por otro lado, la implementación de tecnologías de monitoreo predictivo permite anticipar fallas y detectar anomalías en tiempo real, en lugar de limitarse a registrar datos históricos. Este enfoque, complementado con auditorías periódicas y revisiones técnicas programadas, asegura la salud de las instalaciones y evita que los problemas sean ocultados hasta convertirse en pérdidas irreversibles.

“El nearshoring está transformando a México en un nuevo epicentro industrial. La energía solar es la llave que permitirá sostener esta transformación, pero solo si se privilegia la calidad y la transparencia por encima del costo inicial. No se trata de instalar paneles al menor precio posible, sino de asegurar sistemas que funcionen de manera confiable durante 20 años o más”, comentó Marcos Ripoll, CEO y cofundador de Solar180.

El futuro energético de México dependerá de que la industria solar se consolide como un socio estratégico de la competitividad industrial, y no como una fuente de riesgos financieros. El país enfrenta una oportunidad histórica: aprovechar la ola del nearshoring para posicionarse como referente internacional en infraestructura energética sostenible.

El éxito de este modelo no se medirá solo por los megawatts instalados, sino por la confianza y valor que cada proyecto genere durante su vida útil, transformando la abundancia solar en desarrollo económico tangible y competitivo.


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