En el discurso corporativo, la sostenibilidad se ha convertido en un elemento recurrente. Sin embargo, para la industria en México, el reto real va mucho más allá de certificaciones o reportes ESG. La pregunta de fondo es cómo reducir la huella de carbono sin comprometer la operación.
Para Laurent Meulemans, presidente de Denali Energy Partners, la respuesta exige abandonar narrativas simplificadas y enfocarse en datos concretos. “La sostenibilidad no puede quedarse en slogans. Se trata de números, de costos y de decisiones operativas que impactan directamente la competitividad”, señala.
El mito del promedio energético
Uno de los principales problemas, explica, es la forma en que se mide la intensidad de carbono del sistema eléctrico

en México. Aunque el dato oficial ronda las 0.444 toneladas de CO2 equivalente por MWh, este promedio nacional oculta variaciones significativas.
“Un solo número anual no sirve para planear. Es más un titular político que una herramienta técnica”, afirma Meulemans. La realidad, agrega, es que las emisiones cambian dependiendo de la hora y la región, lo que complica a las empresas que buscan cumplir objetivos de descarbonización con base científica.
A pesar del impulso hacia energías renovables, los combustibles fósiles siguen siendo el pilar del sistema energético global. La diferencia, apunta, está en cuáles se utilizan y en qué momento.
“No se trata de volver al combustóleo o al diésel. Un sistema moderno de ciclo combinado a gas natural puede emitir aproximadamente la mitad del CO2 que el promedio de la red en México”, explica. Además, el comportamiento del sistema eléctrico juega un papel clave. Durante picos de demanda, entran en operación las plantas más caras y contaminantes. “Cada vez que la industria demanda energía en esos momentos, está activando los megawatts más sucios del sistema”, advierte.
El costo oculto de transportar energía
Otro factor poco discutido es el costo de mover la energía. Según Meulemans, transportar electricidad a largas distancias puede ser significativamente más caro que generar cerca del punto de consumo.
“Llevar energía a través de líneas de transmisión puede costar entre 20 y 40 veces más que mover combustibles por ducto en términos comparables”, señala. A esto se suman las pérdidas técnicas: en México, pueden alcanzar hasta 25% en regiones como el Valle de México, muy por encima del estándar internacional de 4 a 5%. Este contexto, la ubicación de la generación importa tanto como la fuente.
Baterías: solución parcial
En el debate energético, el almacena- miento mediante baterías suele pre- sentarse como una solución integral. Sin embargo, Meulemans matiza esta visión. “Las baterías son parte de la solución, pero no son una solución total”, afirma. El reto, explica, no solo es tecnológico, sino también de escala. Respaldar la demanda energética de México por una semana requeriría volúmenes de materiales que superan ampliamente la capacidad actual de producción global.
En este sentido, subraya un principio fundamental: “El megawatt más limpio es el que no se consume en horas pico”.
Un modelo para la industria
Frente a este panorama, Denali propone un enfoque para el sector industrial en México, basado en una combinación de fuentes energéticas.
“La estrategia más sólida no es 100% renovable en papel, sino un mix resiliente y optimizado para cada sitio”, explica Meulemans. Este modelo contempla aproximadamente 50% de generación base con gas natural en sitio, 30% de suministro desde la red, 15% de energía solar en sitio y un 5% de almacenamiento en baterías para cargas críticas.
El objetivo no es ideológico, sino operativo basado en reducir costos, minimizar riesgos y evitar depender de la red en sus momentos más ineficientes.
Decisión de negocio, no solo energética
La generación en sitio ha dejado de ser un proyecto técnico para convertirse en una decisión estratégica. “Hoy, la energía es un tema de consejo directivo. Es competitividad, es gestión de riesgos y es control de costos”, afirma.
Desde Denali Energy Partners, la pro- puesta se centra en estructurar soluciones adaptadas a cada empresa, ya sea mediante esquemas de PPA, modelos de energía como servicio o inversiones directas. “La sostenibilidad bien hecha no es un comunicado de prensa. Es un contrato, una curva de consumo y un número que puedes defender”, concluye Meulemans.