El T-MEC ya no es la ventaja, es apenas el piso

Mariana Méndez.
Julio 27, 2026

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Durante más de tres décadas, la integración comercial entre México, Estados Unidos y Canadá ha sido uno de los principales motores del desarrollo manufacturero de la región. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte primero y, posteriormente, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), consolidaron una de las plataformas industriales más importantes del mundo, impulsando inversiones, cadenas de suministro regionales y una creciente especialización productiva.

Sin embargo, el contexto internacional ha cambiado de forma acelerada y la reciente revisión del T-MEC ha generado múltiples interpretaciones dentro del sector productivo. Para Jorge Acevedo, empresario y analista de temas de competitividad regional, el momento exige separar las percepciones políticas del contenido técnico del tratado.

Al no concretarse una ratificación lineal que extendiera automáticamente el tratado por otros 16 años, las condiciones vigentes se mantienen bajo el esquema previo, pero con una salvedad impulsada firmemente por la administración estadounidense: evaluaciones anuales. Esto implica que las mesas de consulta técnica serán recurrentes, lo que obliga a México a mantener un estándar de cumplimiento riguroso y constante en diversos frentes que impactan la agenda comercial. Más que hablar del futuro del tratado, explica, es momento de hablar de la capacidad competitiva de cada país.

"El reto ya no consiste únicamente en tener un tratado comercial; ahora la diferencia estará en qué tan preparado esté cada país para responder rápidamente a un entorno de revisión constante", resume el especialista.

 

La oportunidad que México aún no termina de aprovechar

Desde la entrada en vigor del primer tratado comercial en los años noventa, México logró consolidarse como una potencia manufacturera y uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos.

La industria automotriz, la manufactura avanzada, los dispositivos médicos, la electrónica y la industria aeroespacial son algunos de los sectores que crecieron bajo este esquema de integración regional.

Sin embargo, Acevedo considera que existe una diferencia entre el crecimiento derivado del tratado y el desarrollo estructural que el país pudo haber alcanzado. “Habrá quien argumente desde la trinchera ideológica qué país resultó más beneficiado. La realidad es que, en esencia, el ecosistema empresarial y financiero mexicano no terminó de consolidar ni aprovechar del todo ese momentum de éxito y crecimiento de las décadas pasadas”, afirmó.

A su juicio, durante años México aprovechó las ventajas derivadas de su ubicación geográfica y de la integración comercial, pero aún existen importantes áreas de oportunidad para fortalecer factores internos que hoy resultan determinantes para competir en una economía global.

Entre ellos destaca la necesidad de consolidar un Estado de derecho robusto, brindar mayor certidumbre para la inversión, acelerar proyectos de infraestructura logística y fortalecer el mercado interno mediante cadenas de suministro más integradas.

 

Competir ya no depende del costo de la mano de obra

Uno de los cambios más importantes que observa el empresario es la transformación del modelo competitivo internacional. Durante décadas, una parte importante de la manufactura buscó países con menores costos de producción. 

Hoy, la automatización, la digitalización y la incorporación de inteligencia artificial están reduciendo gradualmente el peso que tenía la mano de obra intensiva como principal factor de decisión para instalar nuevas plantas. 

Esto obliga a que la discusión sobre competitividad evolucione hacia aspectos mucho más complejos, como la estabilidad regulatoria, la disponibilidad de infraestructura, la capacidad logística, la seguridad jurídica, el talento especializado, la rapidez para mover mercancías y la resiliencia de toda la cadena de suministro.

Para el especialista, el principal diferenciador para atraer inversiones de largo plazo será la capacidad del país para ofrecer certidumbre jurídica, reglas claras y estabilidad institucional.

Destacó que, si el mercado interno no se robustece mediante infraestructura logística, conectividad y cadenas de suministro ágiles, la competencia regional no tardará en reaccionar. El fenómeno ya no se reduce a un simple nearshoring, sino a un friendshoring donde mercados de Centro y Sudamérica —como Colombia, Costa Rica o El Salvador— avanzan a paso firme para posicionarse como aliados estratégicos alternos de los Estados Unidos.

 

Los empresarios, de observadores a protagonistas

Uno de los cambios más importantes que deja el nuevo escenario comercial es el papel que deberá asumir la iniciativa privada. Si durante años muchas decisiones relacionadas con el T-MEC se concentraban en los equipos negociadores de los gobiernos, ahora las revisiones periódicas del acuerdo hacen indispensable una participación más cercana del sector productivo.

Para Acevedo, las empresas ya no pueden limitarse a esperar los resultados de cada negociación comercial. La naturaleza del nuevo entorno obliga a una comunicación permanente entre industria y gobierno para identificar riesgos, proponer soluciones y fortalecer la posición competitiva de México antes de que surjan nuevas mesas de diálogo entre los socios comerciales.

En esa lógica, organismos empresariales, cámaras industriales, clústeres y asociaciones especializadas adquieren un papel cada vez más relevante como generadores de información técnica sobre las necesidades de cada sector.

“Las cámaras y confederaciones deben ser proactivas, estructurando informes técnicos precisos sobre las necesidades de cada sector (manufactura, infraestructura y servicios) para coadyuvar con el gobierno federal en la protección de las inversiones, expresó”.

 

La frontera vuelve a convertirse en un activo estratégico

Uno de los planteamientos más interesantes de Acevedo es que el contexto actual podría devolver a la frontera norte un protagonismo similar al que tuvo durante las primeras décadas del desarrollo maquilador.

La cercanía física con Estados Unidos adquiere nuevamente un valor estratégico para muchas compañías que buscan reducir riesgos logísticos y mantener una mayor capacidad de respuesta. Sin embargo, el especialista aclara que esta oportunidad es distinta a la que existía hace cuatro décadas.

La frontera ya no debe competir únicamente como una plataforma de manufactura intensiva en mano de obra. El reto consiste en evolucionar hacia ecosistemas industriales de mayor valor agregado, capaces de integrar manufactura avanzada, automatización, innovación, investigación, centros de distribución inteligentes y servicios especializados.

En ese sentido, considera que la modernización de parques industriales, la ampliación de infraestructura fronteriza y la incorporación de nuevas tecnologías pueden convertir nuevamente a esta región en uno de los principales motores del crecimiento manufacturero de Norteamérica.

Más que regresar al modelo tradicional de maquila, se trata de construir una nueva generación de plataformas industriales alineadas con las necesidades actuales de las cadenas globales de suministro, destacó.

 

El "peor mejor momento" para redefinir la competitividad

A lo largo de la conversación, Jorge Acevedo resume el escenario actual con una frase que, más que una advertencia, plantea un llamado a la acción: México atraviesa "el peor mejor momento de su historia".

Por un lado, el país cuenta con ventajas que difícilmente podrían replicarse en el corto plazo: una integración profunda con Estados Unidos y Canadá, una base manufacturera consolidada, una ubicación geográfica privilegiada y una experiencia de más de tres décadas formando parte de las cadenas de suministro de Norteamérica.

Por otro, enfrenta un entorno internacional mucho más exigente, en el que esas ventajas dejan de ser suficientes si no van acompañadas de mayor productividad, innovación, infraestructura y certeza para la inversión.

Para México, este cambio representa una oportunidad para avanzar hacia industrias de mayor complejidad tecnológica y fortalecer su posición dentro de las cadenas globales de valor.

 

Más allá del tratado, el reto es fortalecer a México

Destacó que el diagnóstico final exige un alto nivel de realismo y responsabilidad por parte de todos los actores económicos. México es un país excepcionalmente rico en recursos, talento y ubicación geográfica, factores que continúan sorprendiendo gratamente a los inversionistas extranjeros que visitan el territorio. El verdadero desafío radica en que el propio ecosistema interno aprecie, cuide y defienda de manera estratégica estas ventajas competitivas.

Acevedo concluye que el debate que se abre a partir de este reacomodo comercial en Norteamérica debe servir como catalizador para foros de discusión profunda a nivel regional. “La ventana de oportunidad sigue abierta, pero demanda un liderazgo empresarial audaz, una pluma técnica firme y la determinación compartida de construir la certidumbre que el futuro de la región exige”, finalizó.

 


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