La relocalización de manufactura en Norteamérica comienza a enfrentar un nuevo desafío: pasar de la instalación de plantas individuales hacia cadenas productivas capaces de abastecerse regionalmente, incorporar proveedores locales y responder con mayor rapidez ante disrupciones internacionales.
Durante el North Capital Forum, especialistas analizaron la evolución de las cadenas de suministro de México, Estados Unidos y Canadá, así como las condiciones industriales y energéticas necesarias para sostener nuevas inversiones vinculadas con manufactura avanzada, digitalización e infraestructura tecnológica.
Luis D’Acosta, CEO de Schneider Electric para México y Centroamérica, explicó: “Hoy, el valor de una cadena de suministro se mide por su resiliencia, su velocidad de respuesta y la disponibilidad local de recursos. Debemos pasar de una estrategia basada en la atracción de plantas aisladas a un verdadero desarrollo de ecosistemas regionales que aproveche las complementariedades entre nuestros países”.
Del nearshoring a la proveeduría regional en Norteamérica
La discusión planteó que la competitividad industrial ya no depende exclusivamente de localizar operaciones en regiones con menores costos. La disponibilidad de componentes, materias primas, energía, infraestructura y proveedores capaces de responder localmente comienza a formar parte de las decisiones sobre nuevas inversiones.
Para México, esta evolución representa el desafío de incrementar el contenido regional de las cadenas productivas y conectar la manufactura instalada en el país con una base más amplia de proveedores.
La estrategia incluye atraer fabricantes internacionales de componentes, desarrollar empresas locales y facilitar la transferencia de conocimiento técnico para reducir dependencias de insumos provenientes de regiones alejadas de Norteamérica.
Esto resulta particularmente importante en industrias estratégicas y de alta tecnología, donde una planta puede operar en México mientras una parte significativa de sus componentes continúa recorriendo largas distancias antes de llegar a la línea de producción.
La disponibilidad de talento también forma parte de esta integración. La capacitación técnica y el desarrollo de habilidades especializadas serán necesarios para atender procesos de automatización, electrificación, manufactura avanzada y digitalización que acompañan las nuevas inversiones industriales.
Energía y digitalización, retos para la expansión manufacturera
La expansión manufacturera coincide con un incremento en la demanda eléctrica provocado por nuevas plantas, automatización y el crecimiento de infraestructura tecnológica, particularmente centros de datos asociados con servicios digitales e inteligencia artificial.
Esta combinación está elevando la presión sobre la infraestructura energética y obliga a las empresas a revisar no solamente cuánto suministro eléctrico necesitan, sino también cómo utilizan la energía disponible.
Una de las alternativas planteadas es digitalizar instalaciones industriales para conocer los patrones de consumo, detectar ineficiencias y automatizar determinadas operaciones.
Schneider Electric reportó que una de sus plantas en Monterrey consiguió reducir 15% su consumo energético mediante la digitalización de sus operaciones, un ejemplo que la compañía utiliza para mostrar el potencial de estas tecnologías dentro de instalaciones manufactureras.
“No hay energía más limpia ni más rápida de obtener que aquella que no se consume. La digitalización es la herramienta indispensable para maximizar la eficiencia en cada punto de la red y asegurar que la expansión industrial de la región sea verdaderamente sostenible”.
La eficiencia energética adquiere otra dimensión conforme las fábricas incorporan equipos conectados, sistemas automatizados y mayores cargas eléctricas. Contar con información en tiempo real permite identificar dónde se consume la energía y establecer acciones para disminuir desperdicios sin afectar la continuidad de las operaciones.
Para la industria, esta capacidad puede convertirse en un factor de competitividad. Una mayor demanda eléctrica no necesariamente debe traducirse en un incremento equivalente del consumo si las empresas consiguen elevar la eficiencia de sus procesos y administrar mejor sus cargas.