La electricidad representa hasta un 40% del costo operativo total de la industria manufacturera mexicana, debido a la necesidad de procesos térmicos continuos, alta demanda de potencia y sensibilidad a interrupciones, de acuerdo con estimaciones de Energía Real.
En entornos industriales de alta demanda energética, la electricidad influye directamente en la eficiencia operativa, por lo que resulta conveniente implementar una estrategia de largo plazo que contemple baterías de almacenamiento (BESS), Generación Distribuida o subestaciones, esquemas que pueden significar ahorros de hasta 33% anual en el consumo eléctrico.
“En los procesos que requieren generación de calor, automatización, refrigeración o uso de maquinaria pesada, los costos asociados condicionan la rentabilidad de las empresas”, destacó Oscar García, Head of Growth and Customer Success.
Durante el primer trimestre de 2025, la industria manufacturera generó más de 7 billones de pesos al PIB nominal, lo que representó el 21.8% del PIB en valores básicos, de acuerdo con el INEGI. Esa cifra la consolida como uno de los pilares más dinámicos de la economía mexicana. Actualmente, este sector concentra el 16.1% del empleo nacional, con millones de personas que dependen directamente de su estabilidad.
Estrategias energéticas para la competitividad industrial
La demanda energética no se detiene. Según Energía Real, las regiones con mayor concentración de industrias manufactureras son el Bajío, el Norte y el Estado de México, las cuales enfrentan constantes restricciones en el suministro.
“La operación diaria, las prioridades de producción y los retos presupuestales han llevado a que las decisiones energéticas se tomen de forma reactiva: se responde a lo inmediato, se ajusta sobre la marcha y se invierte solo cuando es estrictamente necesario”, afirmó García.
Retos del sistema eléctrico nacional para el nearshoring
El sistema eléctrico nacional enfrenta retos importantes para sostener el ritmo de crecimiento industrial. Factores como la saturación de nodos, el estrechamiento del margen de reserva eléctrica y el incremento en los costos por capacidad contratada (kVA) generan obstáculos para nuevas interconexiones, lo que limita ampliaciones industriales y afecta la operación continua.
En un momento clave para el nearshoring, contar con energía confiable y trazable ya no es un valor agregado, sino un habilitador estratégico. Fortalecer la competitividad energética puede marcar la diferencia en un entorno global cada vez más exigente. Este periodo representa una ventana valiosa para tomar decisiones con visión de largo plazo.