La revisión del T-MEC colocará a México ante un margen de negociación más estrecho y complejo frente a Estados Unidos, debido a la reconfiguración del poder en Washington y a la pérdida de los contrapesos bilaterales que estuvieron presentes durante la negociación original del acuerdo.
Durante su intervención en el foro “Cadena de Suministro Eficiente y Segura”, organizado en conjunto por COMCE Noreste y la Secretaría de Desarrollo Económico de Monterrey, Ildefonso Guajardo, exsecretario de Economía y negociador clave del acuerdo original, trazó un diagnóstico sobre los desafíos inmediatos del país: la estrategia mexicana requerirá una finura táctica sin precedentes para encarar un gabinete estadounidense que opera sin los contrapesos del pasado.
La revisión del T-MEC enfrenta un nuevo escenario político en Washington
Al comparar la coyuntura actual con el proceso de renegociación vivido durante el primer mandato de Donald Trump, Guajardo destacó una diferencia fundamental en la composición y comportamiento del gabinete estadounidense. En la primera etapa del T-MEC, el equipo de negociación en Washington contaba con perfiles independientes que servían como contrapeso. Guajardo recordó cómo ese entorno facilitó el diálogo técnico.
"El primer Trump no conocía Washington. Se acercó a una serie de elementos muy valiosos del gabinete que influían positivamente en él y escuchaba a los republicanos con experiencia en política pública. Eso nos ayudó a que, en 18 meses, de partir de diferencias tremendas, pudiéramos sacar un acuerdo beneficioso para México", recordó.
Sin embargo, el panorama actual plantea un desafío distinto para la diplomacia mexicana, la negociación comercial y la relación con Estados Unidos.
"Hoy es distinto: el gabinete es un gabinete que solo ejecuta la determinación del Presidente. Por lo tanto, el riesgo aumenta", advirtió.
En este contexto, la diplomacia mexicana enfrenta a interlocutores orientados a cumplir de manera directa la visión de la Casa Blanca, cuya prioridad absoluta es la reducción del déficit comercial con México.
México deberá reservar margen político en la negociación del T-MEC
Frente a un gabinete estadounidense centrado en ejecutar mandatos presidenciales, la táctica de la delegación mexicana, encabezada por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, debe modificar sus esquemas tradicionales de negociación.
Guajardo advirtió que los negociadores mexicanos no pueden cometer el error de agotar todos sus recursos en las primeras rondas de conversación a nivel secretarial, ya que prevé que la palabra final no la tendrán los representantes comerciales.
"En la mesa entre Marcelo Ebrard y los negociadores de EE. UU., México debe estar consciente de no poner todas las fichas sobre la mesa y dejar margen a la presidenta Claudia Sheinbaum, porque la decisión definitiva no se resolverá entre Secretarios, sino en una conversación directa entre la Presidenta y Donald Trump", enfatizó.
Durante más de tres décadas, la diplomacia comercial mexicana funcionó bajo el principio de separar los temas: los asuntos económicos y de comercio exterior se discutían en mesas exclusivas, blindadas de temas coyunturales como la seguridad transfronteriza o la migración, los cuales eran encauzados a través de la Cancillería.
Ese blindaje ha desaparecido. La estrategia actual de la Casa Blanca consiste en colocar todas las variables en un solo paquete de presión. Al condicionar el libre comercio a avances en materia de control migratorio y seguridad, la vulnerabilidad de México en la mesa de negociación aumenta de forma considerable.
A pesar del panorama adverso y de que los aranceles estadounidenses ya impactan a cerca de una tercera parte de las exportaciones mexicanas —especialmente en sectores clave como el acero, el aluminio y la industria automotriz—, Guajardo recordó que la integración económica de América del Norte posee una dinámica propia que va más allá de los ciclos presidenciales.
El exsecretario de Economía destacó la resiliencia del comercio bilateral y cómo el mercado mantiene su propia inercia económica.
"A pesar de las amenazas y los aranceles, el comercio sigue su curso porque las cadenas productivas ya están profundamente integradas. La relocalización de empresas no es un capricho político, es una necesidad de mercado para la competitividad y la seguridad de la propia región de Norteamérica frente a Asia", aseguró.
Prueba de esta integración es que las exportaciones mexicanas alcanzaron la cifra récord de 300 mil millones de dólares, impulsadas por sectores altamente integrados como la tecnología y el agro. La relocalización de cadenas de suministro responde a fuerzas naturales del mercado global y a la necesidad geopolítica de Estados Unidos de garantizar su seguridad productiva.
El verdadero reto para México no será la viabilidad del T-MEC a largo plazo, sino la capacidad de sus líderes para transitar el proceso de revisión sin ceder competitividad ni soberanía.