La industria automotriz vive una transformación sin precedentes en sus cadenas de suministro. Tensiones geopolíticas, guerras comerciales, disrupciones logísticas y la acelerada electrificación han empujado a las empresas a replantear sus redes globales de producción.
Según el 25th Global Automotive Executive Survey de KPMG, el 68 % de los ejecutivos ya reestructura activamente sus cadenas de suministro para adaptarse a esta nueva realidad.
El fenómeno no es coyuntural: representa un cambio estructural hacia cadenas más regionalizadas, resilientes y tecnológicamente integradas, en el que México se perfila como un actor clave para América del Norte.
Nearshoring automotriz en México: ventajas y contexto
Durante décadas, la industria automotriz global basó su eficiencia en la producción offshoring, con el traslado de operaciones a regiones con menores costos laborales y altos volúmenes. Sin embargo, factores como la pandemia, los conflictos comerciales y la presión por reducir riesgos revelaron la vulnerabilidad de este modelo.
Hoy, la tendencia se invierte: las empresas buscan nearshoring para localizar procesos más cerca de los mercados de consumo, reducir tiempos de entrega, controlar mejor los inventarios y reaccionar con agilidad a eventos inesperados.
Como explicó Mario A. Hernández, socio líder de KPMG México, “las empresas buscan manufacturar más cerca de los mercados internos. Se está pasando de cadenas de suministro universales a operaciones localizadas y sin riesgo”.
Cadenas de suministro resilientes: ruta para OEMs y Tiers
México está bien posicionado para capitalizar esta transición. Su cercanía con Estados Unidos, su red de tratados comerciales y su infraestructura industrial consolidada lo convierten en un hub logístico y manufacturero ideal para el nearshoring automotriz.
En los últimos dos años, se ha acelerado la llegada de inversiones enfocadas en componentes eléctricos, baterías, electrónica automotriz y nuevas plantas OEM, especialmente en estados como Nuevo León, Coahuila, Guanajuato y Querétaro.
Además, la tendencia de crear hubs regionales de manufactura favorece el desarrollo de ecosistemas integrados donde OEMs, Tier 1 y Tier 2 colaboran estrechamente para reducir vulnerabilidades y aumentar la resiliencia.
La encuesta de KPMG identifica cinco acciones prioritarias para enfrentar la disrupción; una de ellas consiste en “enfrentar las tensiones diseñando una estrategia regional de resiliencia”. Esto implica:
• Localizar la producción donde más importa.
• Mapear riesgos en tiempo real.
• Permanecer alerta ante cambios normativos.
• Incorporar sostenibilidad desde el diseño.
• Planear escenarios para crisis futuras.
En este contexto, la logística mexicana deberá evolucionar hacia esquemas más tecnológicos, con integración de trazabilidad en tiempo real, automatización de almacenes y redes de proveedores confiables para responder a las exigencias de OEMs globales.
Nearshoring + electrificación = oportunidad histórica
La reconfiguración de las cadenas coincide con la transición tecnológica hacia los vehículos eléctricos y autónomos. Esto abre una oportunidad para que México no solo ensamble, sino que se integre en segmentos de mayor valor agregado, como electrónica avanzada y software automotriz.
De acuerdo con KPMG, esta doble transición —geoestratégica y tecnológica— marcará una nueva jerarquía global en la industria automotriz. Los países que logren articular hubs resilientes y especializados liderarán la próxima década.