Con más de la mitad de la electricidad basada en gas natural importado, un despliegue adicional de 46 GW renovables permitiría ahorros anuales por 1,600 millones de dólares, evitar la importación de 384,000 millones de pies cúbicos de gas y crear 434,000 empleos.
México vive una paradoja energética, pues es un país con uno de los mejores soles del continente y depende, para más de la mitad de su electricidad, de gas natural comprado afuera, sobre todo en Estados Unidos. Esa “luz prestada” tiene costo y riesgo, con precios que suben ante crisis internacionales y márgenes industriales que sufren cada pico. Un informe reciente de Ember indicó que acelerar la generación limpia no solo resulta viable; es el movimiento más inteligente para blindar al país.
Impacto económico de acelerar la energía limpia
Para llegar a 45% de electricidad limpia en 2030, México debe sumar 46 gigawatts entre solar y eólica. Con ese despliegue, la generación con gas caería alrededor de 20% aun si la demanda nacional crece 15% en el mismo periodo. El impacto se traduciría en ahorros cercanos a 1,600 millones de dólares al año y en evitar la importación de más de 384,000 millones de pies cúbicos de gas.
“La energía solar tiene el potencial de transformar regiones. Con la radiación que tenemos en México, podemos generar electricidad limpia y accesible al mismo tiempo que reducimos la dependencia del gas importado”, afirmó Juan Miranda, CEO de Solar Change, empresa mexicana que desarrolla e instala proyectos solares para hogares, negocios e industria.
Empleo y marco regulatorio para renovables
Alcanzar el 45% de generación limpia detonaría más de 434,000 puestos de trabajo, 419,000 concentrados en la construcción de los proyectos y 15,000 permanentes en operación y mantenimiento. Es casi el doble de lo que se obtendría con un escenario de 36% limpio.
El problema, hoy, resaltó el CEO, es el tiempo que tarda el Estado en decir “sí”. Un proyecto renovable puede pasar hasta cuatro años entre permisos y ventanillas. En otros países, como Uruguay, ese ciclo se redujo a menos de 12 meses sin relajar estándares técnicos o legales, en un mundo donde el dinero global compite por destinos claros.
“México no puede darse el lujo de perder inversiones por una fila interminable de sellos. Estamos ante una oportunidad que no se presenta dos veces. Hay recurso solar, talento técnico e interés empresarial. Lo que falta es una visión más ágil y decidida por parte del Estado para facilitar el camino”, subrayó Miranda.