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Cd. Juárez/Chihuahua

La excelencia: una vía saludable al éxito

Por Arantxa Sánchez. Junio 2021

Hace un tiempo inicié un viaje de evolución del perfeccionismo a la excelencia. A muchos esto les puede parecer como un retroceso de la escala que se estén imaginando, pues algunos aspiramos lograr resultados inmaculados en la práctica de un oficio, profesión, instrumentos musicales, deportes e incluso en las relaciones personales. Mucho tiempo viví con la creencia de que el perfeccionismo era el objetivo a lograr. Sin embargo, esto me llevó a librar batallas internas para definir límites sanos en mi desempeño. Hoy en día comprendo que la perfección es irreal y que disfrutar el recorrido debe ser la meta en nuestras trayectorias profesionales, académicas o personales. 

Todo comenzó cuando de niña practicaba la escritura y el violín, actividades que abandoné después. Me han preguntado por qué las interrumpí siendo joven y siempre mi respuesta fue “no era muy buena”. ¿De dónde venía esa voz interna? De mi ego, mi peor enemigo. Fue mi deseo de que me reconocieran como “la mejor” lo que me llevó a desistir, porque me rehusaba a ser “una más”. 

Al inicio de mi vida profesional confundí eficiencia y responsabilidad con la perfección. Me habitué a trabajar tantas horas extras posibles para dejar todo “perfecto”. Para mí eso era compromiso hacia la empresa. Tras varias crisis de salud, recibí reconocimientos y aumentos de salario, recompensas que confundí con “generosidad”. Me condicioné a que estas eran las cuotas para obtener gratificación personal y profesional, y no sólo para mí, sino también para mis compañeros. Etiquetaba de irresponsables a quienes trabajaban horarios regulares, a quienes tomaban vacaciones e incluso a quienes no asistían a trabajar por sentirse enfermos. 

El perfeccionismo es así. Generalizas tus estándares como una regla para todos y, lo peor, nos convierte en colegas inflexibles y desagradables, pues las personas reconocen que tu percepción de su trabajo jamás es satisfactoria, y que es mejor desprenderse de su responsabilidad para que tú lo realices bajo tus “estándares”, logrando el efecto contrario de lo que quieres “inspirar”.

Decidí entonces por un cambio de estrategia y ubiqué a las personas que admiraba y consideraba exitosas, y me percaté de que no eran perfectas, sino persistentes, justas, equilibradas, pacientes y… excelentes. Me pregunté a quiénes quería continuar intentando parecerme más: ¿a ellas, o a mi actual versión? La respuesta era obvia.

No he eliminado mis prejuicios y autocrítica completamente. Y ¡qué bueno! Sería absurdo querer ser “perfectamente excelente”. Pero ahora me acerco más con quienes tienen más experiencia y conocimiento, practico, fallo, enseño y reconozco a los demás y, sobre todo, procuro no calificarlos como mejor o peor que yo. 

En definitiva, vivo más saludable emocionalmente, sabiendo que llegar a ser excelente está más que bien, que el verdadero compromiso es dar lo mejor, y si quieres, todo de ti, pero no “a pesar” de ti. Porque al final lo que apreciarán de ti no es que no te equivoques, si no lo que compartes y ayudes a construir a los demás.

 

MÁS INFORMACIÓN

Nombre: Arantxa Sánchez

Puesto: Gerenta de operaciones en la adquisición de talento de Johnson & Johnson para Latinoamérica

Correo: arantxa2207@gmail.com

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