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Cd. Juárez/Chihuahua

La comunicación, la acción más sonora

Por Arantxa Sánchez. Noviembre 2021

Desde la niñez nos han inculcado que el pedir una disculpa repara daños y remienda relaciones. Que el ser cortés refleja nuestra educación y formación, y que las acciones dicen más que mil palabras. Si bien coincido, desde hace unas semanas me he cuestionado cómo palabras como “perdón”, “disculpa”, “gracias”, “por favor” y otras frases de “etiqueta básica” pueden convertirse en un arma en un ambiente sociolaboral cuando las usamos asertivamente. 

¿Cuántas veces nos hemos encontrado en situaciones en las que tras solicitar algo a un colaborador no recibimos el resultado que necesitamos, o en las que en una discusión queremos plantear nuestra perspectiva, pero tememos ofender o molestar a otros, o en las que tras completar una actividad nos sentimos desvalorados? Mi hipótesis es que en la mayoría de las ocasiones se debe principalmente al desacierto en la comunicación. 

¿Pero y entonces qué se debe de hacer? ¿Debo pedir siempre por favor si es el deber de la otra persona cumplir con lo que se requiere? ¿Debo pedir perdón si no estoy de acuerdo con alguien más? ¿Debo dejar de pedir disculpas mientras yo alcance mi objetivo? ¿Debo dar gracias, incluso cuando no recibo lo que solicito? 

En cualquier situación, las personas tenemos necesidades en común, como el sentirnos validadas, exitosas, conectadas y cómodas. Por tanto, nuestro instinto nos puede llevar a evitar situaciones en las que nos sintamos repudiadas, incómodas o insatisfechas. Sin embargo, este tipo de estrés, como en los músculos del cuerpo, debe estirar y a veces romper totalmente nuestra comodidad emocional para ampliar nuestra capacidad de comprender mejor a otras personas y juntas lograr un cometido.

Esto implica que partamos, por medio del autoconocimiento, por identificar lo que para nosotros es digno y alineado a nuestros valores. No obstante, hay que tomar en cuenta que no debemos asumir que estos acuerdos internos que hacemos con nosotros mismos los tienen los demás. Así como yo espero que respeten los míos, lo haré yo también con los demás. Esto nos ayudará a establecer límites sanos y ser congruentes en lo que decimos y hacemos.

Decir “Te agradezco tu esfuerzo, pero…”, antes de rectificarle a la persona lo que realmente necesitabas y no recibiste de su parte, puede ayudar a que no se sienta despreciada o inútil, y puede ayudarte a buscar otras maneras de transmitir una idea.

Decir “Escucho lo que dices, pero lamento diferir…” antes de contradecir o corregir a alguien, no es reducir nuestra opinión. Puede evitar a una persona sentirse ignorada o rechazada y, al mismo tiempo, ayudarle a abrirse a escuchar otra perspectiva.

Decir “Gracias por cumplir con tus responsabilidades o dar un extra en esta actividad” al finalizar una conversación, puede hacer sentir a la otra persona que sus contribuciones son valoradas y motivarle a seguir en constante evolución. 

No se trata de un mundo utópico donde todos estemos de acuerdo o felicitemos a cualquier persona por cualquier cosa. Se trata de que al yo saber lo que puede causar malestar, lo evite. Que, si bien tenemos derecho de expresión y tenemos personalidades únicas, todos buscamos tener un bienestar y podemos contribuir a esto usando una comunicación efectiva, auténtica y genuina. La recompensa será al final mayor de la que buscábamos.

 

Nombre: Arantxa Sánchez

Puesto: Administradora de operaciones en la adquisición de talento de Johnson & Johnson para Latinoamérica

Correo: arantxa2207@gmail.com

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